
La calma que caracteriza al municipio de Dolores, en el suroriente del Tolima, se vio alterada en la tarde de este lunes 25 de agosto, cuando ráfagas de fusil irrumpieron en medio de la tranquilidad de la población. Durante algunos minutos, la comunidad creyó que se trataba de un hostigamiento armado, situación que generó temor colectivo y obligó a muchos a resguardarse en sus hogares. Sin embargo, poco después se confirmó que todo obedecía a la acción de un soldado que, al parecer, atraviesa por serios problemas psicológicos.
El hecho ocurrió hacia las tres de la tarde, cuando varios habitantes escucharon detonaciones provenientes de la base militar ubicada en la zona urbana del municipio, donde opera una compañía adscrita al Batallón Jaime Rooke de Ibagué. La primera reacción de la población fue asociar las ráfagas con un posible ataque insurgente, dada la historia de la región con grupos armados.
El alcalde de Dolores, John Armando Vergel, relató que la confusión inicial fue total: “Se escucharon los disparos y de inmediato empezó la psicosis. La gente pensó que era un hostigamiento, porque hace mucho tiempo no se oían fusiles en el municipio. Gracias a Dios, muy rápido se aclaró que se trataba de un soldado con alteraciones psicológicas y que la situación estaba bajo control”.
El mandatario local confirmó que no se registraron heridos ni víctimas fatales, aunque reconoció que el susto fue generalizado. “Lo importante es que no hay nada que lamentar más allá del miedo que vivimos todos los doloreños. Los compañeros del uniformado lograron reducirlo y posteriormente fue trasladado a la ciudad de Ibagué, donde recibirá la atención médica correspondiente”, añadió.
La situación generó amplio movimiento en redes sociales y cadenas de mensajes en grupos de WhatsApp, lo que incrementó la incertidumbre entre los habitantes. Algunos pensaban que se trataba de una incursión armada, otros de un enfrentamiento, y no faltó quien asociara los hechos con posibles alteraciones del orden público en la región.
Vergel enfatizó que el municipio vive un periodo de tranquilidad y que desde hace varios años no se registraban hostigamientos directos contra la población o la base militar. “Estamos en un momento de paz relativa. Por eso nos sorprendió tanto escuchar disparos. Aquí todo el mundo se conoce y la tranquilidad es parte de nuestra vida diaria. Afortunadamente, este episodio no pasó a mayores”, aseguró.
De acuerdo con la información preliminar, el uniformado fue controlado por sus propios compañeros en la base y luego puesto bajo supervisión médica para determinar su estado de salud mental. Se espera que en los próximos días las autoridades militares entreguen un informe oficial sobre lo ocurrido y definan las medidas a seguir frente al soldado.
La comunidad de Dolores, aunque aún con el recuerdo fresco del susto, retomó la normalidad pocas horas después. Para los habitantes, este episodio fue una llamada de atención sobre la importancia de la salud mental en las Fuerzas Armadas y el impacto que puede tener en la seguridad de todos.





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