
En el barrio Topacio, sector conocido como La Isla (manzana 45A), la tranquilidad que durante décadas caracterizó a la comunidad se ha convertido en un infierno. Vecinos que llevan más de 30 y 40 años viviendo en el sector, propietarios de toda la vida, hoy se sienten sitiados y atemorizados por un grupo de arrendatarios violentos que llegaron hace apenas dos meses a una de las viviendas. Desde entonces, el miedo y la zozobra se apoderaron de la cuadra.
El caso es grave y alarmante: la familia afectada, reconocida y respetada en la comunidad, ha sido víctima de ataques sistemáticos. En días recientes, los nuevos arrendatarios golpearon a patadas la puerta de su casa, intentaron ingresar por la fuerza y llegaron al extremo de sacar machete contra el hijo de la señora residente. Las amenazas de muerte no solo fueron contra él, sino también contra un bebé de apenas 10 meses, a quien los agresores advirtieron que “lo iban a picar” y que incendiarían la vivienda si no se marchaban.
La comunidad asegura que ya interpusieron denuncias ante la Fiscalía y que la Policía hizo presencia en el lugar. Sin embargo, la respuesta institucional ha resultado insuficiente. Según relatan los vecinos, los agresores no muestran temor frente a la autoridad: en un episodio reciente, uno de ellos llegó incluso a escupirle la cara a un agente de Policía. Apenas las patrullas se retiran, las agresiones continúan con más fuerza.
Los vecinos denuncian también la indiferencia de la propietaria de la vivienda arrendada, identificada como Betty Rojas. Pese a que la comunidad ha intentado comunicarse con ella en repetidas ocasiones para que asuma responsabilidad frente a lo que ocurre en su propiedad, la señora no responde llamadas, no atiende a los vecinos y no se ha hecho presente para dar la cara. Se sabe que ya no vive en el sector y que reside actualmente en el área de Los Parrales, pero mientras tanto la comunidad del Topacio sufre las consecuencias de su omisión.
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Lo más preocupante es que, según versiones de los vecinos, uno de los arrendatarios tendría antecedentes judiciales por robo, lo que aumenta la tensión en el barrio. “Estamos aterrados, aquí nunca habíamos tenido problemas de este tipo. No solo está en riesgo la familia directamente agredida, sino todos los que vivimos alrededor”, señaló uno de los denunciantes.
La situación es insostenible. Los residentes aseguran que llevan semanas durmiendo con miedo, atentos a los ruidos y golpes que a cualquier hora provienen de la casa en cuestión. Audios circulan en los que se escuchan claramente las amenazas de muerte proferidas por los agresores, quienes dicen abiertamente que “los van a matar a todos” y que “no saben con quién se metieron”.
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Ante este panorama, la comunidad hace un llamado urgente a las autoridades competentes: Fiscalía, Policía y Secretaría de Gobierno. No se trata de un simple problema de convivencia, sino de un caso de amenazas graves, tentativa de ingreso violento, daños a la propiedad privada y riesgos contra la vida de menores de edad. Pretender que esto se resuelva con una conciliación es, para los vecinos, una burla y una irresponsabilidad.
Los habitantes del Topacio piden medidas inmediatas y efectivas: desde la captura de los responsables hasta el desalojo de quienes están sembrando terror en el sector. “No podemos seguir viviendo como rehenes dentro de nuestras propias casas”, enfatizó otro vecino. El silencio de la propietaria y la pasividad de las autoridades están dejando a toda una comunidad a merced de la violencia.
El caso está puesto sobre la mesa. Ahora, la responsabilidad recae en las instituciones. De no actuar con firmeza, lo que hoy son amenazas puede convertirse en una tragedia anunciada.






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