
La preocupación en el sector agropecuario del Tolima crece a medida que se consolidan los lineamientos de las llamadas Áreas de Protección a la Producción Agropecuaria (APAS), un programa que, en teoría, busca resguardar la producción rural, pero que según líderes del sector, podría tener efectos devastadores sobre la economía local y la sostenibilidad de los sistemas productivos.
Carlos Gustavo Silva, gerente del Comité de Ganaderos del Tolima, denunció que los primeros resultados de las evaluaciones realizadas por la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) dejan más dudas que certezas. “El nombre de estas áreas genera expectativa, pero cuando uno ve lo que se propone en la práctica, queda un sinsabor enorme. Los lineamientos no reflejan las condiciones reales del territorio ni la vocación productiva de las regiones”, afirmó Silva.
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El directivo explicó que en el Tolima, el plan se desarrolla en ocho municipios del norte del departamento, y que las recomendaciones de la UPRA no se ajustan a la realidad agroecológica ni cultural de la zona. “Por ejemplo, en Fresno, donde la avicultura es estratégica tanto para el departamento como para el país, se podría limitar la producción si no se autoriza el manejo de confinamiento. Esto pone en riesgo toda la genética avícola que se genera allí. Es un asunto que no solo afecta a los productores locales, sino que tendría repercusiones nacionales”, indicó.
Silva añadió que el problema no se restringe al sector avícola. “En ganadería, nos dicen que se autoriza la producción, pero eventualmente se podría limitar la producción de pastos. Es como decirle a la piscicultura que puede criar peces, pero no tendrá acceso a concesión de aguas. Es una desconexión total entre lo que se decide a nivel nacional y lo que realmente se necesita en el territorio”, señaló.
La alerta del Comité de Ganaderos del Tolima no es aislada. Durante socializaciones recientes en Fallon, campesinos y campesinas expresaron su confusión y su temor por la dirección de estas políticas. Silva recordó el testimonio de una productora: “Ella decía que no entendía qué estaba sucediendo y hacia dónde iba todo. La APAS podría ser una herramienta útil de planificación, pero presentada así, puede tener consecuencias graves: podría extinguir sistemas productivos y convertir terrenos fértiles en zonas improductivas que solo podrían ser compradas eventualmente por el Estado”.
El gerente del comité también cuestionó el impacto social de estas medidas. “Estamos hablando de actividades que generan empleo, sustento y desarrollo rural. Si se cierran opciones productivas, no solo se afectará la economía local, sino que se corre el riesgo de incrementar la informalidad, la migración hacia las ciudades y la pérdida de vocación agrícola en la región”, explicó.
Silva destacó además la necesidad de coordinación entre las autoridades nacionales y los gobiernos locales. “Afortunadamente, la Asamblea Departamental y algunos alcaldes nos han escuchado, pero todavía falta que las políticas se ajusten a la realidad territorial. No podemos permitir que normas mal diseñadas afecten a quienes mantienen vivo el campo”, afirmó.
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El tono de alerta que transmite el sector agropecuario del Tolima no es exagerado. La experiencia de otras regiones, como Antioquia, muestra que decisiones centralizadas que no consideran la topografía, las condiciones agroecológicas y los factores culturales terminan siendo inviables. “Nos encontramos con propuestas como sembrar arroz en zonas de alta pendiente y suelos inadecuados. Esto demuestra un profundo desconocimiento de los territorios y de la importancia de la planificación local”, concluyó Silva.
Ante este panorama, productores del norte del Tolima hacen un llamado urgente a que se revisen las APAS y se garantice que las políticas de protección agropecuaria realmente cumplan con su propósito: fortalecer y no destruir la producción, preservar los sistemas productivos locales y asegurar que los territorios continúen siendo fuente de sustento para miles de familias.





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