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De salvar a su madre a rescatar entre los escombros: estudiante de la UT fue reconocido tras el terremoto en Cali

Jhonathan Giusseppe Bolaños Muñoz, estudiante del IDEAD de la Universidad del Tolima, terminó convertido en rescatista voluntario durante diez días, luego de que el terremoto lo llevara de vuelta a un edificio para salvar a su propia madre.

Lo que comenzó como una carrera desesperada para encontrar a su madre terminó convirtiéndose en diez días de rescates entre polvo, concreto y escombros. Jhonathan Giusseppe Bolaños Muñoz, estudiante de la Licenciatura en Educación Artística del Instituto de Educación a Distancia (IDEAD) de la Universidad del Tolima, fue uno de los voluntarios reconocidos por la Gobernación del Valle del Cauca por su participación en las labores de rescate tras el terremoto ocurrido en Cali.

El 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, el movimiento sísmico sorprendió a Jhonathan mientras se encontraba en su apartamento, ubicado en un cuarto piso. Había dormido pocas horas cuando el sismo lo despertó y, al percatarse de la emergencia, comenzó a bajar las escaleras junto con otros vecinos.

Pero algo no estaba bien.

Entre las personas que evacuaban no estaba su madre. Jhonathan decidió regresar al apartamento y la encontró atrapada debido a una puerta que se había atascado durante el movimiento.

Sin pensarlo, comenzó a golpear la puerta hasta conseguir abrirla. Logró sacar a su madre y ambos abandonaron el edificio mientras el movimiento alcanzaba uno de sus momentos más fuertes.

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De ciudadano a rescatista en medio de la emergencia

Una vez afuera, la incertidumbre era total. La comunicación era limitada y todavía no había claridad sobre la dimensión de la tragedia.

Jhonathan dejó a su madre con otros vecinos y decidió recorrer la ciudad para conocer lo que estaba ocurriendo.

Llegó hasta el sector de la calle 44 y se encontró con una escena completamente diferente: edificios afectados, polvo, personas buscando a familiares y gritos que provenían de estructuras colapsadas.

Fue entonces cuando decidió ayudar.

No tenía experiencia previa como rescatista. Sin embargo, se sumó a los ciudadanos que intentaban encontrar personas atrapadas entre los escombros.

“Todo fue por instinto”, relató al recordar los primeros momentos de una labor que terminaría extendiéndose durante diez días.

Los primeros rescates fueron realizados con las manos y con los elementos que tenían disponibles. Entre varias personas consiguieron sacar con vida a una joven que estaba atrapada bajo una puerta y posteriormente ayudaron a un hombre que permanecía atrapado en la parte trasera de un edificio.

La emergencia hizo que ciudadanos de diferentes edades, profesiones y oficios se organizaran espontáneamente.

Con el paso de las horas, algunos voluntarios recibieron chalecos verdes que permitían identificarlos como coordinadores. Desde entonces, Jhonathan y otros ciudadanos comenzaron a asumir mayores responsabilidades en las labores de rescate.

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Cadenas humanas y silencio entre los escombros

En los puntos de rescate se formaron cadenas humanas para retirar los fragmentos de concreto y otros materiales.

Los tarros de pintura servían para pasar los escombros de una persona a otra mientras otros voluntarios permanecían atentos a cualquier señal que pudiera indicar que alguien seguía con vida.

Cuando alguien creía escuchar un sonido debajo de los restos, todos debían guardar silencio.

Entonces llegaba la pregunta:

“¿Alguien está allí?”

Si aparecía una respuesta, comenzaba nuevamente una carrera contra el tiempo.

De acuerdo con el testimonio de Jhonathan, durante esos diez días participó en labores que permitieron rescatar con vida a 11 personas y recuperar más de 20 cuerpos.

Las jornadas prácticamente no tenían horario. Según relató, llegó a dormir entre una y tres horas por día antes de regresar nuevamente a las zonas afectadas.

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El rescate también dejó heridas en los voluntarios

Durante los primeros días, la falta de equipos adecuados obligó a muchos ciudadanos a trabajar prácticamente con las manos.

Las labores provocaron heridas en manos, uñas y pies de algunos voluntarios. Posteriormente comenzaron a llegar guantes, cascos y herramientas para facilitar las tareas.

El cansancio también comenzó a pasar factura. La alimentación era limitada y las jornadas se extendían durante horas, pero los voluntarios permanecían en los lugares donde todavía existía la esperanza de encontrar sobrevivientes.

Con el paso del tiempo, sin embargo, el escenario cambió.

Los rescates con vida fueron disminuyendo y comenzaron a aparecer cuerpos. Los olores, las escenas de destrucción y el dolor de las familias se convirtieron en parte de la experiencia de quienes permanecieron durante varios días en las zonas afectadas.

La llegada de equipos especializados y ayuda internacional permitió organizar de manera diferente las labores. También se incorporó tecnología para detectar posibles señales de vida.

Pero cada día que pasaba reducía las posibilidades de encontrar sobrevivientes.

Gobernación del Valle reconoció a Jhonathan y otros voluntarios

Después de diez días, las autoridades indicaron a los voluntarios que debían retirarse de las labores, mientras los equipos profesionales asumían la continuidad de los trabajos.

Para Jhonathan, el impacto emocional de lo vivido no terminó cuando salió de la zona de emergencia. Después de varios días sin detenerse a procesar lo ocurrido, llegó el momento en que su cuerpo y sus emociones pasaron factura.

El reconocimiento llegó días después.

Mediante la Resolución 0563 del 26 de agosto de 2026, la Gobernación del Valle del Cauca reconoció la labor de Jhonathan Bolaños y de otros 30 voluntarios que participaron en los rescates en el edificio Vanessa, en Cali.

El homenaje se realizó en la iglesia Tequendama, donde se reunieron familiares de las víctimas y rescatistas para recordar a quienes perdieron la vida durante la tragedia.

Durante el acto, la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro, destacó la labor realizada por quienes permanecieron durante días en medio de la emergencia.

“Quisimos dar un reconocimiento a todos esos rescatistas y voluntarios que día y noche estuvieron allí con mucho amor para apoyar, trabajar y sacrificarse”.

La mandataria también resaltó las difíciles condiciones en las que trabajaron:

“No comían ni dormían, solo pensando en cómo rescatar”.

Entre los homenajeados estaba Jhonathan, estudiante del Centro de Atención Tutorial de Cali de la Universidad del Tolima, cuya historia comenzó buscando a su madre entre una emergencia que no alcanzaba a dimensionar y terminó con él ayudando a buscar sobrevivientes entre los escombros.

Ahora, su experiencia queda ligada no solamente a su formación como estudiante universitario, sino también a uno de los episodios de solidaridad ciudadana que dejó el terremoto.

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