No se dejen robar la esperanza, dice el Papa Francisco

Tras llegar a Bogotá, el Papa Francisco abrazó a los miembros de la Fuerza Pública heridos en cumplimiento de su deber, a personas con discapacidad y a los niños y niñas que lo esperaban en Catam. En su trayecto por la Avenida El Dorado, aprovechó una pausa del cortejo para saludar chocando las manos a algunas de los miles de personas que fueron a recibirlo.
En la Nunciatura Apostólica el Papa Francisco departió con jóvenes rehabilitados a través de la Fundación del padre Javier de Nicoló. Ellos le obsequiaron una ruana, un velón y un vitral y él les dijo: “Gracias por la valentía, gracias por el coraje, no se dejen robar la alegría, no se dejen robar la esperanza”.
Una vez bajó la escalerilla fue recibido por el Presidente Juan Manuel Santos y su esposa, María Clemencia Rodríguez de Santos. Los saludó, con calidez, tomándolos por las manos.
Saludó al cardenal Rubén Salazar y a otros jerarcas de la Iglesia en Colombia. Emanuel, el hijo de la congresista Clara Rojas, nacido en la selva en el año 2004 mientras su madre estaba en cautiverio, fue el encargado de acercarse a Francisco para obsequiarle una paloma blanca decorada con flores.
Vino luego el saludo a un grupo de niños y niñas, a quienes se detuvo a abrazarlos más allá de lo establecido en el protocolo. Levantó la mano para saludar a los cerca de mil asistentes que le daban la bienvenida en Catam y se dirigió, siempre acompañado por el Presidente Santos y su esposa, al sitio de banderas para los honores de rigor y la presentación de las respectivas delegaciones. El Papa dio la mano al Vicepresidente, a la Canciller y a los demás ministros del Gabinete. El Presidente saludó, a su vez, al séquito papal.
Se inició una presentación artística en homenaje a Francisco. Se escucharon diversos clásicos de la música colombiana, como ‘Yo me llamo Cumbia’ de Mario Gareña, ‘Acuarela’ de Adolfo Mejía, ‘Carmentea’ de Miguel Ángel Martin y ‘Tolú’ de Lucho Bermúdez, interpretación que fue acompañada con los grupos de baile Jocaycú, dirigido por Joaquín Labrada, y la compañía Herencia Viva, dirigida por Mónica Mercado.
Fue ahí cuando ocurrió uno de los capítulos más impactantes de la llegada del Santo Padre a Catam. Dejó el tapete para ir a saludar, a abrazar, a miembros de la Fuerza Pública heridos en combate y a personas en situación de discapacidad. Visiblemente emocionado, los bendijo a todos, uno por uno, imponiéndoles la mano sobre sus cabezas.
El cortejo papal avanzó rápido durante un trayecto, en medio de los miles y miles de feligreses que, batiendo pañuelos blancos, lo aguardaban desde hacía varias horas para verlo en persona y
Tras esto, el Papa ingresó a la capilla, donde se reunió con personal de la Nunciatura y le ofreció flores a la Virgen y gratitud por la bonanza del viaje. Allí lo esperaba una cena privada, antes de su descanso. El firmamento estaba azul, el día fue soleado. Había la sensación de que Bogotá no era la misma con el Santo Padre en la ciudad. Francisco acababa de dar su “primer paso” en Colombia.




