Bienvenidos Impuestos Ambientales pero con control
Entre de las acciones necesarias que se tienen que emprender para mitigar los efectos nocivos de la intervención de la humanidad en la naturaleza, se están creando impuestos a ciertas actividades que perjudican en gran manera el planeta. Se conocen como impuestos ambientales o verdes, implementados con un fin plausible que no es otro que la disuasión golpeando lo que más duele a las personas, el bolsillo, para tomar conciencia del daño al ecosistema.
Es claro que las campañas publicitarias, los llamados de atención, las evidencias sobre las consecuencias del perjuicio causado al ambiente, no lograron el efecto esperado en las décadas pasadas, porque se piensa que eso del cambio climático no es algo que nos pueda afectar y se considera que es tarea de los demás, a pesar de los estragos causados por huracanes, desbordamiento de ríos, deslizamientos de tierra, sequías, etc.
Por eso crear medidas bajo la premisa que quien no es consciente del impacto provocado por sus acciones debe pagar, en principio es positivo, el problema radica en los destinatarios de esos tributos.
Sucede entre otros con el gravamen a la gasolina y en general el impuesto al carbono cobrado a combustibles fósiles, al igual que el recién creado al consumo de las bolsas plásticas, recaudado desde el pasado primero de julio.
Sobre esta última obligación existen algunas inquietudes de los contribuyentes: ¿qué va a pasar con el dinero recaudado? ¿El cobro de 20 pesos por cada bolsa realmente desincentiva su uso?
Es incierto saber si la medida dará los resultados esperados, porque hay quienes prefieren pagar 20 pesos antes que llevar su propio empaque o cargar los productos en las manos, por eso es preciso continuar, de una manera más ‘agresiva’, la concientización sobre los beneficios de las buenas costumbres ambientales.
No cabe duda que este es uno de los pocos tributos apoyados por los ciudadanos, por su objeto, y quien no cree en el impacto negativo del plástico debe considerar estos datos sobre el tema: Una bolsa plástica podría tardar hasta 300 años en destruirse. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza cada colombiano gasta anualmente 288 bolsas, si tenemos en cuenta que el DANE certifica que Colombia tiene aproximadamente 49.300.000 habitantes, estamos usando anualmente 14.198.400.000 bolsas plásticas, que en su mayoría no se reciclan. Solo hay que sumar esa cifra cada año para imaginarnos la afectación que pueden causar a los mares, los ríos, los parques, los animales e incluso a las ciudades, por ejemplo en sus calles y sistemas de alcantarillado.
Bienvenidas todas las acciones que buscan reducir esa catástrofe, incluso las económicas que duelen bastante, pero al tiempo que se adoptan esas medidas, hay que proyectar la inversión de los recursos en el mismo ecosistema, para devolverle algo de lo que le quitamos con nuestras prácticas.
La inconformidad del ciudadano al pagar los tributos no es infundada. Los altos niveles de corrupción en las entidades públicas hacen pensar que el esfuerzo hecho para la tributación llega para el goce de unos cuantos especializados en desangrar el erario. Por eso es que preocupa que con esta nueva imposición no se haya definido su destino, lo que lleva a pensar que si se creó para evitar una mayor proliferación de bolsas, difícilmente la inversión de los dineros tenga esa misma meta.
@WilsonRuizO
