ColumnistasAndrés Currea H

Así nos cambió el Covid-19

Nuestra normalidad social se derrumbó en un segundo, nuestras costumbres de relacionamiento social cambiaron tangencialmente, el mundo ya no es, ni será como antes.

La pandemia causada por el coronavirus tomó desprevenido al mundo entero, nadie estaba preparado, ninguna nación lo estuvo y todos estamos afectados. Desde los países más ricos, hasta los más pobres, ninguno se libró de esta enfermedad que ya cobra en el mundo más de 285.000 víctimas mortales, más de 4 millones de infectados y en Colombia, los casos ascienden a 16.295, y los fallecidos a 592, en el Tolima, por su parte se contabilizan 164 casos y 7 muertos. (cifras del 18 de mayo)

Como si fuera poco lo anterior, hay que registrar las millonarias pérdidas económicas que deja la pandemia en todo el mundo. Empresas, industrias, comercio grande y pequeño se han visto seriamente afectados, tanto, que hay un grueso porcentaje que está en saldo rojo y con un pie en la quiebra. Restaurantes, cines, bares y centros de esparcimiento familiar no se escapan a la aguda situación que plantea una encrucijada entre resistir o perderlo todo. Las ayudas gubernamentales prometidas aún no llegan, y quizás nunca lleguen.

El transporte de pasajeros aéreo y terrestre es otra de las victimas del Covid-19, sus pérdidas ascienden a cifras impronunciables y con un futuro poco esperanzador, o por lo menos, muy lejos de normalizar el sector o retomar punto de equilibrio. Asimismo, sectores de realización de eventos artísticos y deportivos pasan el trago más amargo de sus vidas, y es el segmento económico que más dudas tiene, pues es incierto el momento en que se habiliten nuevamente estás actividades. Y la lista es interminable, ya que todos, todos los sectores económicos en el mundo se han visto afectados. Es sin duda alguna una tragedia económica y social sin precedentes en la historia de la humanidad reciente.

La vida social que conocíamos antes de la pandemia también ha sufrido cambios. Los apretones de manos, los fuertes abrazos, los besos y demás expresiones físicas que nos caracterizan en Latinoamérica, han desaparecido, por lo menos, por un muy buen tiempo. Las reuniones familiares y de amigos, las fiestas populares, las idas al estadio y a eventos musicales o teatro, también deben esperar y por mucho tiempo no estarán en la agenda. Los niños también ponen su cuota de sacrificio; han perdido el relacionamiento con sus pares, y hora son como prisioneros que comparten con sus amigos a través de la fría pantalla de un computador o teléfono inteligente.

En las calles todos vamos con paso apurado, evitamos el mínimo roce con otra persona, no sabemos quién es quién tras los tapabocas que son parte del vestuario y obligados para la protección de esta temible enfermedad. Otros además del tapabocas utilizan guantes quirúrgicos, gafas anti fluidos y caretas, todo esto depende de la responsabilidad de cada uno y de su posibilidad económica de comprar este arsenal para proteger la salud.

El mundo cambió, el Covid-19 se llevó muchas cosas que nos gustaban hacer, nos cambió para siempre, y ahora debemos entender que hay un nuevo orden social que debemos asimilar pronto y esperar que no pase mucho tiempo para que nuestra habitual normalidad regrese, regrese así no sea la misma, pero por lo menos la más parecida.

Ánimo.

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