
Esta oficina, recordada por su ubicación estratégica frente al Parque Manuel Murillo Toro, dejará de funcionar tras décadas de servicio, en el marco del proceso de reorganización que la entidad ha venido adelantando en distintas ciudades del país.
A través de un comunicado, la entidad financiera informó a sus clientes que la operación de esta oficina será asumida por la sede principal de Bancolombia, localizada a pocas cuadras, sobre la carrera tercera entre calles 14 y 15. Allí se mantendrán disponibles los servicios de caja, cajeros automáticos y asesoría especializada.
Una oficina con historia
La sucursal de la calle 11 con carrera tercera no solo es reconocida por su tradición, sino también por el valor simbólico que representa en la memoria de los ibaguereños. Durante años fue un punto de encuentro financiero en una de las esquinas más concurridas del centro de la ciudad. Antes de convertirse en sede de Bancolombia, ese mismo espacio estuvo ocupado por Conavi, una entidad bancaria que desapareció hace ya varios años, pero que aún permanece en el recuerdo de muchos usuarios.
Su ubicación frente al Parque Murillo Toro le daba un carácter privilegiado, pues estaba rodeada de oficinas públicas, comercios tradicionales, cafés y otros bancos, lo que la convertía en un lugar estratégico para el movimiento económico del centro.
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El fenómeno de los cierres bancarios
El cierre de esta oficina no es un hecho aislado. En Ibagué, como en muchas otras ciudades intermedias, las entidades bancarias han venido reduciendo su número de sucursales físicas, concentrando la atención en sedes principales y apostándole a la virtualidad.
Bancolombia, por ejemplo, ya había realizado años atrás el cierre de la sucursal ubicada frente al Parque Andrés López de Galarza, también en el centro de la ciudad. Con esta nueva decisión, la entidad refuerza la tendencia de centralizar sus operaciones en un menor número de oficinas.
El fenómeno no se limita a Bancolombia. Meses atrás, BBVA también cerró varias sedes en la capital tolimense: una en la calle 11 entre carreras cuarta y quinta, otra en la calle 13 entre carreras segunda y tercera, además de la oficina que tenía en el sector de Arkacentro.
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Por su parte, Itaú decidió clausurar su sucursal de la carrera cuarta entre calles 12 y 13, quedando únicamente con presencia en la carrera quinta con calle 41, una zona de creciente movimiento comercial y residencial.
El Grupo Aval también adelantó ajustes: el Banco AV Villas cerró su oficina en Piedra Pintada, y el Banco de Bogotá hizo lo propio con su sede en la misma zona. Incluso el Banco Caja Social tomó la decisión de cerrar su oficina ubicada frente al Parque Murillo Toro, trasladando la atención al punto de la calle 12 entre carreras segunda y tercera.
Menos oficinas, más virtualidad
El cierre paulatino de sucursales responde a un fenómeno global: el crecimiento de la banca digital y el cambio en los hábitos de los usuarios. Cada vez más clientes realizan sus transacciones a través de aplicaciones móviles, cajeros automáticos o plataformas en línea, lo que disminuye la necesidad de mantener múltiples oficinas físicas.
No obstante, este proceso también genera preocupación entre quienes prefieren la atención presencial, en especial adultos mayores y comerciantes que suelen manejar operaciones en efectivo. Para muchos de ellos, el cierre de oficinas representa mayores desplazamientos y, en ocasiones, tiempos de espera más largos en las sedes que concentran la atención.





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