Vivian Castro

Del Príncipe azul y otros demonios

Había una vez…” Cuando éramos pequeños todos escuchamos en alguna ocasión  un cuento de princesas y príncipes, de brujas y de hadas,  ya sea en el colegio, por la televisión o en nuestras casas, como una forma de llevarnos a un mundo ideal, a ese mundo donde la joven desvalida era rescatada por un joven apuesto, caballeroso, valiente  y  por lo general rico ya que casi siempre era el hijo del rey.

Esa fue nuestra primera  introducción a nuestro plan de vida, a ese que quieres ser cuando seas grande, ya que sin querer y casi automáticamente la mayoría de las niñas responden: princesa, muy diferente a la mayoría de niños que fortalecidos por una cultura de educación machista infunde en ellos el sentido de fuerza y de ser lo que muchos padres llaman: un verdadero varón. Y así crecemos, entre cuentos, mitos, leyendas y una educación latina tradicionalmente machista, los niños por una parte entre juguetes como pistolas y soldados y las niñas por el otro con muñecas extremadamente flacas y con cuerpos y rostros totalmente perfectos a lo que nuestra sociedad de consumo quiere vendernos, jurando que algún día encontrarán su príncipe azul, se casarán y vivirán el tan anhelado final de “Y fueron felices para siempre”.

Con los años ese príncipe azul se fue destiñendo al igual que la imagen errónea de Barbie de medidas perfectas para las mujeres, tal vez si nuestra educación fuera distinta desde pequeños, de grande las decepciones serían menos, pero lo más importante, tal vez nuestros niños, niñas y adolescentes sufrirían menos. Necesitamos más padres y madres que lideren procesos familiares y que hagan ver a sus hijos que pueden bailar ballet y a sus hijas que pueden jugar futbol sin que eso sea una atenuante para cambiar los roles que deben desempeñar en la sociedad, necesitamos mujeres recias, no desvalidas para proteger a sus hijos, menos hombres violentos más dóciles que sean capaces de cuidar de forma tierna dulce y sincera a sus hijos,  no somos iguales (y nunca lo seremos por temas de fisionomía, habilidades y destrezas) pero si debemos buscar la equidad, sueño con el día que a nivel mundial se den las mismas oportunidades y espacios tanto para hombres como para mujeres (algún día en que se postule una mujer para suceder al Papa o que se den los mismos principios para los padres hombres que luchan por la patria potestad de sus hijos ante los tribunales)

No más hombres violentos ni mucho menos violencia contra las mujeres y los niños, No más monstruos disfrazados de ovejas, No más machismo, pero seamos  consecuentes y digamos también para con las mujeres No más bendecidas que buscan a los hombres solo para que las mantenga, No más mujeres que dejan de  cuidar a sus hijos y los entregan a terceros por facilismo o pereza, No más mujeres que no son capaces de decirle No a sus esposos para seguir teniendo hijos que no pueden mantener. Solo cuando encontremos el punto de equilibrio entre los géneros tendremos verdaderamente paz, no firmada desde la Habana (aunque todo intento vale la pena) sino desde los corazones de todos y cada uno de nosotros, y para eso es necesario que cambiemos la forma como educamos a  nuestros niños y niñas para tener mujeres y hombres capaces de sanear nuestra ya quebrantada sociedad, nuestra esperanza está en el futuro, pero debemos empezar en el presente, la oportunidad de hacer algo es ya, es el ahora, este es un llamado para arrancar por nuestros hogares, el ejemplo empieza por casa, en cómo le hablo a mis padres, a mis hijos, a mi pareja, en la ayuda que le brindo a mi vecino, en las malas palabras que evito decir en esos momentos de ira o dolor, en dejar de hacer lo más fácil por lo correcto.

Muchos dirán como dice la famosa canción “Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único” Los invito a que hagamos el reto de la Ballena Rosa, empecemos hoy, empecemos ahora a querernos más a nosotros mismos y a querer más a los demás, no se lo dejemos a los demás sino que involucrémonos nosotros mismos, hagamos cuanto esté en nuestras manos  para cambiar esta dura realidad que les tocó vivir a nuestros niños, niñas y adolescentes,  y mientras tanto mantengamos los ojos bien puestos en nuestros hijos y nuestras hijas, recordemos que hoy en día no solo las brujas traen manzanas envenenadas sino que los príncipes y las princesas también!