Desiguales entre iguales
Estamos a punto de superar el segundo decenio del siglo XXI y la desigualdad social en lugar de decrecer aumenta, pese a los esfuerzos y los planes a nivel global programados desde finales del siglo pasado para buscar más equidad entre los pueblos.
La desigualdad en un país no solo se mira por la pobreza de sus habitantes, también por la concentración de la riqueza. Según el Gobierno Nacional, el uno por ciento de la población colombiana agrupa el 40 por ciento de la riqueza.
Un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, señala que los países de Latinoamérica tienen mayor desigualdad, teniendo en cuenta variables como ingresos de sus habitantes, condiciones de vida, acceso a la propiedad privada, derechos de las personas e igualdad de género, raza, entre otros aspectos.
Otra visión tiene el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, DANE, que clasifica dentro del marco de una familia pobre a todas aquellas que estando compuesta por cuatro personas, sus ingresos mensuales son inferiores a 966.692 pesos, es decir, 241.673 pesos por persona. Por eso indica que el porcentaje de hogares en situación de pobreza se redujo en el último año y solo el 17,8 % de la población se encuentra en esa circunstancia. Colombia, según ese estudio, pasó de tener 13´719.000 personas en condición de pobreza en el año 2010 a 8´586.000 en 2016.
Las cifras pueden con todo y vistas así, la desigualdad no sería tan grave, pero si se tiene en cuenta todas las variables estudiadas por la CEPAL y las condiciones en las que podría subsistir una persona con 241.673 pesos de ingresos mensuales, realidad que afronta el promedio de las familias colombianas, estamos frente a un panorama desolador en materia de inequidad.
El horizonte es más oscuro si se contemplan aspectos como el acceso a la vivienda, al trabajo, la salud y la educación, cuyos niveles de deserción y de baja calidad son críticos en varias regiones.
Otro es el contexto de las comunidades indígenas y afrodescendientes, quienes en la mayoría de los casos no cuentan con el suministro constante de agua potable ni un centro asistencial básico, con resultados como los tantas veces denunciados en los departamentos de La Guajira, Chocó y Cauca, donde se reportaron decenas de niños fallecidos.
Entidades como el Fondo Monetario Internacional trazan políticas para los países miembros y presionan para que haya reformas económicas estructurales advirtiendo que debe incluirse la reducción de la pobreza, pero esas políticas regularmente son regresivas para superar la desigualdad. Existen muchos factores que impiden que el desequilibrio social sea superado, asociado a la corrupción que se convirtió en el cáncer de las finanzas públicas.
La desigualdad que se vive en el país, en especial en zonas rurales, va mucho más allá de las cifras y las estadísticas. Es tarea del Estado implementar programas de acción claros para satisfacer las necesidades básicas de todos los ciudadanos, pero para ello se necesitan recursos. El escenario se pone cuesta arriba si se suma que entramos a un periodo de posconflicto, en el que desmovilizados de la guerrilla requieren oportunidades de reinserción a la vida civil, con acceso a empleo, educación, salud y tierra.
@WilsonRuizO
