El dolor de Bonnie: una gata que no volvió a casa por cuenta de un falso veterinario
Una denuncia en redes sociales revive el historial de Carlos Ferney Zabala, señalado por presunto maltrato animal y ejercicio ilegal de la medicina veterinaria. La historia de María Paula y su gata Bonnie vuelve a encender las alarmas en la ciudad.

Una decisión con amor, un final inesperado
María Paula, con la voz entrecortada y la rabia contenida, decidió romper el silencio la noche del 6 de abril. Lo hizo como muchos ciudadanos hoy: a través de su perfil en Facebook. Publicó una denuncia pública que, en pocas horas, comenzó a viralizarse. Contaba la historia de su gata Bonnie, una felina de apenas siete meses que no sobrevivió a una cirugía de esterilización realizada por Carlos Ferney Zabala en la Veterinaria Biológica del Tolima, ubicada en el Jordán cuarta etapa, en Ibagué.
Bonnie, según relata su dueña, era una gata hiperactiva, juguetona y querida, que fue llevada al procedimiento quirúrgico por responsabilidad: para evitar una maternidad indeseada y los signos de celo que comenzaban a perturbar sus noches. La intervención fue programada para el jueves 3 de abril, con previo ayuno. Bonnie pasó la noche en la veterinaria y fue operada el viernes en la mañana.
Una recuperación que nunca fue
A las seis de la tarde del mismo viernes, María Paula fue a recoger a su gata. La encontró somnolienta, lo cual atribuyó al efecto de la anestesia. Pero los días pasaron y Bonnie no mostró mejoría: no comía, no bebía agua, seguía decaída.
La preocupación creció y el domingo en la tarde, tres días después de la cirugía, decidieron regresar a la clínica. La respuesta de Carlos Ferney Zabala, según la denuncia, fue que la gata tenía fiebre, y le aplicó un antibiótico y un analgésico antes de enviarla de nuevo a casa.
Pero en lugar de recuperarse, Bonnie empeoró. Sus encías y orejas estaban pálidas, y comenzó a debilitarse aún más. Fue entonces cuando la llevaron a otro centro veterinario. Allí, recibieron la noticia que nunca quisieron escuchar: Bonnie ya no tenía signos vitales.
¿Un profesional sin título?
A lo largo de la publicación, María Paula no solo expresa su dolor y rabia, sino que también lanza una grave acusación: Carlos Ferney Zabala, según recuerda, ya había sido imputado por la Fiscalía por maltrato animal agravado y ejercicio ilegal de la profesión.
El caso anterior se remonta a agosto de 2022, cuando una familia llevó a su mascota, una canina llamada Lulú, para practicarle una eutanasia humanitaria por su grave estado de salud. Según el expediente revelado por el grupo especial GELMA de la Fiscalía, Zabala le habría aplicado un tranquilizante y luego, sin el procedimiento adecuado, la habría ahorcado con un torniquete. Posteriormente, entregó el cuerpo en una bolsa negra. Los propietarios, camino al sitio donde pensaban enterrarla, se percataron de que aún respiraba. Lulú murió minutos después.
El caso tuvo relevancia nacional y ocupó titulares en medios del país como, El Tiempo, El Colombiano e Infobae, donde se evidenciaba «el sufrimiento injustificado que le habría causado a un animal, la Fiscalía le imputó cargos a Carlos Ferney Zabala Portela«
Este es el caso por el que fue imputado Carlos Ferney Zabala: Una eutanasia mal practicada: la justicia alcanza a supuesto veterinario en Ibagué – Don Tamalio
Para ese momento, los investigadores ya tenían suficientes elementos para imputar a Carlos Ferney Zabala por maltrato animal agravado. Además, concluyeron que el señalado no tenía título profesional ni certificación legal para ejercer como médico veterinario.
Entre la indignación y la impunidad
El caso de Bonnie revive la indignación de muchos ciudadanos que han confiado la vida de sus animales a supuestos profesionales que no cuentan con formación ni ética. Según María Paula, la clínica donde llevaron a Bonnie ha cambiado varias veces de nombre, anteriormente se conocía como «Animalandia», lo cual, presume, podría deberse a antecedentes similares.
El desenlace no fue solo trágico para Bonnie. Su dueña asegura que, mientras ella lloraba la pérdida de su gata, el veterinario señalado ya estaba bebiendo licor, sin mostrar disposición para asumir responsabilidad alguna.
Ahora, María Paula busca orientación legal y hace un llamado público a quienes hayan tenido experiencias similares con este hombre. Quiere justicia para su gata y evitar que otras personas —y otros animales— pasen por lo mismo.
Una historia que no debería repetirse
El caso de Bonnie no es aislado. La denuncia no solo refleja el dolor de una pérdida, sino la impotencia frente a un sistema que aún permite que personas sin preparación ni licencia operen clínicas veterinarias sin controles eficaces.
Mientras tanto, la publicación continúa compartiéndose, y la comunidad en redes se suma al clamor de justicia. Porque Bonnie no fue solo una mascota, fue parte de una familia. Y su vida merece respeto.




