ColumnistasNelson Germán Sánchez

El poder de las “pequeñas cosas”

Óptica periodística Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-

Las buenas noticias también son noticias y a veces parecemos olvidar esa máxima del periodismo.  Con justa razón nos quedamos inmersos en las temáticas, importantes, como no, de corrupción, de politiquería, de falta de gestión, los embustes, abusos o despilfarros del dinero público y del tiempo institucional por la enorme cantidad de necesidades que hoy existen. 

Por eso, de alguna manera es grato registrar hechos que son un solaz y mucho más si provienen directamente desde las instituciones gubernamentales y se apartan de esa cotidianidad sobre el pésimo desempeño, los últimos lugares ocupados, las mentiras públicas, los escándalos de contratación y demás etcéteras como se nos volvió común en nuestra tierrita.

Es una tarea necesaria dar cuenta de alguna forma, de lo que el expresidente de los Estados Unidos, Barack Obama, llamó la “fuerza de la esperanza” y “el poder de las pequeñas cosas”, es decir, decisiones y acciones que desde un gobierno ayudan a transformar de forma positiva la vida y las condiciones de la misma para muchos ciudadanos.

No son los grandes y rimbombantes anuncios de carreteras con ocho carriles y puentes sobre autopistas 5G, ni la construcción de megaestructuras, de complejos para almacenar o embodegar productos, tampoco la súper represa de no se qué, para con todos ellos insertar al Tolima en la modernidad, el desarrollo, el progreso y el futuro y demás cuentos; si no, por el contrario, se trata de actos con un enorme componente social de beneficio directo a núcleos familiares específicos, que si se van sumando se convierten en sí mismos en verdaderas cadenas de oscilación positiva, que no solo  transforman sus vidas si no las de comunidades enteras. “El poder de las pequeñas cosas”.

Acciones con un doble propósito; porque de un lado existe una ganancia personal y familiar de un mejor futuro y por el otro un beneficio directo para la sociedad al impactar sobre sus necesidades urgentes, en este caso de más percepción de seguridad, robustecer el pie de fuerza, de procesos de mejora académica o de resocialización.

Por eso, la determinación liderada por la Gobernación del Tolima con la iniciativa del Gobernador Ricardo Orozco de becar, para adelantar estudios universitarios a presidiarios del COIBA de Picaleña y a guardianes del INPEC a través de convenio con la Universidad Minuto de Dios es altamente destacable, no solamente para quienes se benefician si no por el mensaje público que irradia de inclusión para con todos los sectores de la sociedad. Mención aparte de matrícula cero en educación superior para estudiantes de estratos 1, 2 y 3 de lo cual y bastante se ha dicho.  

Igualmente lo es el hecho de abrir la convocatoria pública para que 400 jóvenes del departamento puedan ingresar al curso de patrulleros en la Policía Nacional a costa del erario público es sin duda generoso, al ser un alivio para los bolsillos de sus familias, permitiéndoles además a los muchachos optar por un futuro laboral, pero a la vez, lograr que esos patrulleros refuercen el número de unidades policiales que prestan sus servicios al departamento; iniciativa destacable, porque existe el doble beneficio individual y colectivo en dicho proyecto. Ejemplo válido de dar relevancia a “las pequeñas cosas” y sembrar esperanza al mismo tiempo.  O como diría Obama, es con esas determinaciones que se pone en marcha la audacia de la esperanza, porque pese a las dificultades, puntos de vista distintos o enfrentamientos siempre hay algo que impulsa a seguir adelante; lejos de esas disputas partidistas, ideológicas, los egos y confrontaciones públicas necesarias y de exigir cuentas e información transparente sobre el qué hacer en lo macro desde los gobiernos para sacar a tantos conciudadanos del atolladero. En lo cual, ni mucho menos, se puede claudicar. 

La sugerencia respetuosa para el mandatario regional es que siga por ahí, ese es el camino; apostar a esas “pequeñas cosas” y alejarse de las extravagancias de los show publicitarios, los escenarios pomposos, los anuncios multimillonarios de posible y futura inversión, los nombres rebuscados para proyectos, los extensos y vacuos discursos mediáticos, las eternas discusiones sobre qué hacer, el facilismo perezoso el espejo retrovisor y el complejo de adán como se volvió costumbre últimamente en la arena gubernativa, y al contrario, ejecutar muchas más acciones de ese tipo –centradas- para realmente ayudar a cambiar la vida de miles desde un impacto focalizado para ir mejorando la realidad de muchas personas. Quien quita que de paso se ayude a disminuir la percepción negativa que hoy se tiene de las instituciones, la política y lo público en el Tolima, por las sobradas razones de todos conocidas.       

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