“Que el señor nos bendiga a todos en el nombre del padre, del hijo y del espiritú santo. Amén», fueron las últimas y breves y sentidas palabras del Papa Francisco al asomarse el Domingo de Pascua, 20 de abril de 2025, a la logia central de la Basílica de San Pedro para la bendición «Urbi et Orbi», es decir de la ciudad de Roma al mundo entero, tras la santa misa presidida por el Cardenal Angelo Comastri, por decisión del Pontífice.
Se notó en sus palabras un esfuerzo por dar la bendición. Fue un momento solemne y profundamente simbólico que conmovió a los más de 35 mil fieles presentes en la plaza y a millones de espectadores que lo siguieron desde distintas partes del mundo.
Hasta el último momento de su vida, y en un tradicional mensaje pascual que fue leído este año por Monseñor Diego Ravelli, Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, Francisco reiteró su llamado al alto el fuego en Gaza, pidió liberación de los rehenes israelíes y el envío de ayuda humanitaria a los hambrientos. Repasando diversas realidades conflictivas en el mundo, reccordó que la paz no es posible sin un verdadero desarme.
Y como si fuera algo premonitorio, y sacando fuerzas de su interior, el Papa tuvo un gesto conmovedor, se subió al papamóvil y recorrió la Plaza de San Pedro, saludando a los numerosos peregrinos presentes, felices de verle. Nadie se imaginó que ese fuera su último recorrido.

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