ColumnistasNelson Germán Sánchez

Las disidencias sin fin

Óptica periodística Nelson Germán Sánchez Pérez- Gersan-

Pareciera que en Colombia estuviéramos entrando en una especie de bucle con aquello de las disidencias. Ahora todo grupo ilegal, guerrillero, mafioso o de bandidos, que para efectos prácticos viene a ser lo mismo, porque viven de ser carteles del narcotráfico o de las economías ilegales con el cual el Estado negocia o lleva acuerdos, tiene una disidencia como puerta trasera o plan B.
Es decir, un buen pedazo de esa organización criminal que no quiere soltar el negocio de la coca, la minería ilegal, secuestros o bandidaje por lo lucrativos y porque de eso tan bueno para ellos nadan tanto, porque hay que ganarse la papita trabajando honestamente y eso sí amerita esfuerzo y pundonor.
El caso de Jamindí Valle del Cauca, donde las llamadas disidencias de las Farc, dominan y mandan; lo mismo que el de la reaparición en el sur del Tolima, no solo de un vehículo grafitiado con mensajes alusivos a esa organización, si no el retén de febrero pasado a las 11:30 de la mañana, en plena vía central en el sector de las Señoritas, dan cuenta que el tema debe tomarse en serio, con urgencia por parte del presidente Petro, el Mindefensa, la cúpula militar y sobre todo los colombianos.
La razón, tanto en el caso de Jamundí en el Valle, como en el nuestro del Tolima, los criminales no solo hacen acción territorial de control, si no que además patrullan, colocan retenes, carnetizan a población, censan visitantes, asesinan, extorsionan y amenazan. Lo más paradójico es que las supuestas disidencias, lo hacen en el caso de Jamundí, a tan solo 15 kilómetros del Cantón Militar Pichincha, y en el caso del Tolima, a 20 o 25 minutos de Ataco por esa zona donde el pasado 23 de febrero estuvieron haciendo el retén ilegal, hay un destacamento militar. Claro, para no mencionar puesto y estaciones de Policía. En el Valle, Iván Mordisco y sus disidencias, aquí la supuesta Nueva Marquetalia.
El hecho cierto es que todos tenemos claro que debemos darle oportunidad a la paz y los diálogos son necesarios -ojo, con el ELN ya dicen tener disidencias- pero una cosa es eso y otra distinta que la legítima fuerza legal de las FFAA y Policía, sean llevadas a un estado donde se merme su capacidad operacional o de respuesta, que dé la impresión que es el Estado quien claudica ante el mafioso y delincuente.
El Estado negocia y debe ofrecer garantías, pero no se puede someter. Pues tras cada proceso vendrá otro grupo criminal hacer su transición a «organización armada ilegal» pretendiendo negociar sus condiciones con el Gobierno de turno y después otro, otro y otro y será de nunca acabar, como se lo leí a alguien por ahí; porque el volverse disidencias se las volvió «marca» de reveldía para asegurar negociación propia, mientras maniatan a las fuerzas legítimas del Estado, a la vez que se vuelven autoridades armadas para los ciudadanos en muchos sectores del país, ya no solo rurales, sino en los conurbanos.
Creo que solo es posible negociar en medio de la defensa legítima que debe adelantar el Estado, mientras con sus fuerzas da seguridad a las instituciones y protege a los ciudadanos, su vida e intereses legales.
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