ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Malos vientos masivos

Las crisis que soportan por falta de pasajeros los trasportes masivos de las grandes ciudades se han unido a las fallas estructurales conque fueron concebidos y están a punto de producir un colapso primero en Cartagena y Pereira y después en Cali y, quien lo creyera, en Bogotá, donde sería estruendoso.

Independiente de quien trajo la idea de Curitiba y quien convenció a los gobernantes de turno que se metieran en ese embeleco del masivo, el proyecto nació cojo porque lo hicieron sobre los análisis y cálculos financieros de todos los economistas estructuradores de los últimos 25 años, que siempre están alejados de la realidad nacional.

Salvo en Bogotá, donde fue el exceso de pasajeros el que les disimuló la falla estructural de subsidiar a los operadores y no a los pasajeros para dizque no los llamaran populistas, ni en Cali ni en Pereira ni en Cartagena ni en Barranquilla ni en Bucaramanga han podido llegar a más del 60 % de la meta que les fijaron los sabios analíticos que proyectaron el [GAG1] negocio.

O porque no se modernizaron con algoritmos y sistemas para estudiar los verdaderos flujos y centros de pasajeros y entonces las rutas programadas fueron y siguen siendo equivocadas. O porque la idea cooperativista o más bien falangista de hacer dueños del sistema a los antiguos dueños de los buses nunca fue real y en vez de impulsar una mayor oferta volvió inversionistas con altísimo riesgo a los socios.

Por esas razones, por el acumulado de muchas más, los masivos de trasporte han entrado en una lenta pero cada vez más inevitable agonía. Quizás se salven modificando los  subsidios, es decir que en vez de otorgárselos  a los operadores se los concedan a los pasajeros o, de pronto, replanteando el sistema en si y desbaratándolo sin compasión, reestructurándolo diferentemente.

Es repetitivo decirlo pero este país no acepta fácilmente que sus fallas obedecen a equivocaciones colectivas muy bien camufladas en su momento. Lo vemos con la Policía, le patasarribiaron en el 2009, por idea de algún general genial,   su papel protagónico de acercamiento con la comunidad, acabaron los programas con niños y jóvenes  en las barriadas de esas mismas ciudades y el boomerang les está reventando ahora. Hay que repensar el papel de los Mios, los Megabuses, los Trascaribes   como hay que repensar la seguridad en manos de la policía.

La pandemia ha desnudado las dos falencias del esquema colombiano, la policía y los trasportes masivos. Ojalá nos mostrara también el líder que toda crisis debe producir para poder salir de ella.

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