ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Tiempos de bestialidades

Crónica de Gardeazabal 272

Parece que la luna menguante que ha regido por estos días les ha apagado el voltaje a la capacidad humana para entender  y reaccionar ante las bestialidades que se cometen en una y otra parte. A la atolondrada salida de Estados Unidos y sus aliados de Afganistán ha sucedido la bestialidad  que tantas veces gritamos desde  este rinconcito de opinión: que al gobierno de Kabul iban a dejar llegar a unos seres humanos que se quedaron por lo menos 1.200 años atrás y las mujeres afganas quedarían reducidas al mismo trato que en el año 800 DC se daba a los animales de carga.

El rostro de las miles de niñas captadas por fotógrafos fugaces arrinconadas en su silencio y prohibidas de ir al colegio o a la universidad o de trabajar en oficinas gubernamentales, horroriza. Pero las féminas irascibles por cualquier tocada de nalga que haga el gobernador de Nueva York enmudecen ante la bizarría talibán.

No se quedan atrás quienes están midiendo en Inglaterra el desespero cuando los vehículos hacen colas para conseguirse una tanqueada de combustible y  en los supermercados semivacíos se reproduce la imagen de la quebrada Venezuela como si la Gran Bretaña no fuera uno de los 7 países más ricos del mundo. La bestialidad cometida por los súbditos de la Reina fue haber aprobado y puesto en funcionamiento el Brexit sin medir las consecuencias. No hay choferes que conduzcan los carrotanques  con combustible para las gasolineras ni los tractocamiones que llevan el surtido para los supermercados y en la campiña inglesa se pudren los alimentos.

Y para no quedar por fuera de las bestialidades, en Ibagué el secretario de Gobierno, don Oscar Berbeo, resolvió arrancar en la madrugada la efigie del mitológico Quintin Lame, que los universitarios de esa ciudad habían fabricado para llenar el nicho vacío que dejó la destrucción de la estatua de quien han dicho que dizque fundó a Ibagué, un tal señor Galarza. Poniéndose al mismo nivel de los provocadores guambianos que han tumbado a Belalcázar en Cali y Popa.

Pero sobre todo, olvidándose de su carácter de funcionario público y prefiere torear el avispero que buscar un acuerdo validador de los nuevos tiempos históricos que se han ido asumiendo. Pero no es de extrañar esta bestialidad, también Berbeo, había olvidado sus actuaciones en los cuestionados Juegos Nacionales de Ibagué, cuando se posesionó como Secretario de Gobierno en Ibagué. 

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