ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Ya son 25 mil como en Armero

Si hay algo irrefutable que demuestre la magnitud del fracaso en el manejo de la pandemia de Covid 19 son las cifras de fallecidos.

Este fin de semana llegamos a 25 mil muertos y nos abrimos campo como el quinto país más afectado del mundo y el primero por millón de habitantes. Es el desastre y todos felices reabriendo negocios, empacando en latas de sardinas llamadas aviones a los pasajeros para que se contaminen y como nadie le para bolas ni al del magazín de televisión de las 6 de la tarde y, por delegación, ni a los alcaldes ni a los gobernadores ni a ningún ministro, ni se puede pedir que usen tapabocas obligatorio, ni que se eviten las reuniones de más de 6 personas como en Inglaterra.

Nadie quiere atender porque así pagan el espectador y el oyente   el despilfarro del poder ejecutivo y del prime time de televisión, que ha sido tan mayúsculo como descuidado, terco y finalmente ofensivo.

Pero igual sucedió hace 35 años, cuando los 25 mil muertos de Armero. Estaba de presidente Belisario Betancur y de ministro de Minas Iván Duque E, el padre del del magazín de tv.

Le mamaron tanto gallo a los temores de los historiadores, los periodistas y del congresista Hernando Arango Monedero que pedíamos a gritos un sismógrafo para el Ruiz, que la tragedia se vino encima y el fracaso signó para siempre a ese gobierno.

Ahora va a pasar lo mismo y se va a rubricar ante la historia   no solo con 25 mil muertos como los que hubo en Armero sino con muchos más porque si vamos en 200 muertos diarios, para el día de las brujas, solo manteniendo ese ritmo fatídico, estaríamos aportando otros 6 mil muertos.

Y si el asunto se agrava porque no hay nadie que le ponga freno porque ni los que tienen por uniforme, constitución y armas opción de ejercer gobierno han podido entender que con sus embarradas han ido perdiendo el respeto.  Y como tampoco los guerrillos disidentes ni los santistas irredentos ni los petristas de viejo cuño han podido aceptar que, si sacan la gente a la calle para derrocar al gobernante, primero contagian a miles y miles de compatriotas volviéndonos más añicos la economía.

Estamos cerca de la anarquía por falta de mando, por falta de sindéresis de quienes ejercen el poder y por afán suicida de quienes quieren tomárselo desde las calles. Estamos otra vez al borde del abismo porque le perdimos el miedo a la peste ya que nos acostumbramos tanto a las muertes y los contagios que morir en una UCI o tomando menjurjes prohibidos por el Invima o en manos de los médicos dictadores, da lo mismo que caer en una masacre, en un retén del ejército o en una manifestación a tiros de la policía.

Además, nos ahorramos los gastos funerarios, el velorio y el llanto, porque es lo único que sigue siendo prohibido y respetado pues lo paga el estado.

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