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Una eutanasia mal practicada: la justicia alcanza a supuesto veterinario en Ibagué

La historia de Lulú, una perrita que murió en condiciones inhumanas, destapó un caso de presunto maltrato animal agravado y ejercicio ilegal de la profesión en la capital tolimense.

Una familia buscaba alivio, encontró horror

Lo que comenzó como una decisión difícil tomada con amor, terminó convirtiéndose en una pesadilla para una familia en Ibagué. El 31 de agosto de 2022, los dueños de Lulú, una perrita que llevaba días luchando contra un deteriorado estado de salud, decidieron llevarla a una supuesta clínica veterinaria para que le practicaran la eutanasia humanitaria. Querían que su mascota partiera sin dolor.

Pero, según las investigaciones adelantadas por la Fiscalía a través del Grupo Especial para la Lucha Contra el Maltrato Animal (Gelma), lo que ocurrió en ese consultorio fue todo menos un procedimiento compasivo.

Carlos Ferney Zabala Portela, señalado como el responsable de la atención, fue imputado por el delito de maltrato animal agravado. Las pruebas recolectadas por los investigadores indican que Zabala habría aplicado un tranquilizante a Lulú y, en lugar de proceder con una eutanasia asistida según lo dictan los protocolos médicos, la habría ahorcado utilizando un torniquete.

El último aliento de Lulú

Una bolsa plástica negra fue el final indigno que recibió Lulú. Zabala Portela habría colocado allí su cuerpo, entregándoselo a sus dueños con la indicación de que todo había terminado. Fue en el camino hacia el lugar donde planeaban enterrarla cuando los propietarios, entre lágrimas y recuerdos, notaron que algo no estaba bien. Lulú aún estaba con vida.

Pero el daño ya estaba hecho. La perrita falleció minutos después, en medio de un profundo sufrimiento y una escena que dejó marcas imborrables en quienes la amaban.

Esta dolorosa experiencia no sólo generó una ola de indignación en redes sociales, sino que activó una investigación formal por parte del grupo Gelma, quienes asumieron el caso como un ejemplo grave de maltrato animal, agravado por la forma en que fue ejecutado el supuesto procedimiento.

Sin licencia, sin certificación

Lo que más desconcertó a los dueños de Lulú fue la aparente informalidad con la que operaba Zabala Portela. Según denunciaron ante las autoridades, en el sitio donde funcionaba su establecimiento no se exhibía ningún título profesional que lo acreditara como médico veterinario, ni tampoco se encontraron certificados que autorizaran su ejercicio.

Estos señalamientos fueron confirmados por los investigadores, quienes concluyeron que Zabala no estaba habilitado para realizar procedimientos clínicos ni cirugías animales. La eutanasia, que exige formación técnica y protocolos rigurosos, fue mal practicada, lo que, de acuerdo con la Fiscalía, constituyó un acto desproporcionado e injustificado.

Un caso que encendió las alarmas

La historia de Lulú no es un hecho aislado. En las calles y barrios de ciudades como Ibagué y Bogotá, aún hay establecimientos que operan sin cumplir la normativa sanitaria ni contar con personal capacitado. Casos como el de Zabala Portela son reflejo de una problemática que ha venido en aumento y que exige mayor control institucional.

El grupo Gelma de la Fiscalía se ha convertido en un aliado fundamental en la defensa de los derechos de los animales. Con este caso, buscan dejar un mensaje claro: el maltrato animal, venga de donde venga, no quedará impune.

La judicialización de Carlos Ferney Zabala es un paso en ese camino. Aunque Lulú no pudo sobrevivir, su historia ha encendido una alerta en la ciudad y ha movilizado a más personas a denunciar situaciones similares.

Justicia para quienes no pueden hablar

Lulú ya no está, pero su caso se ha convertido en un símbolo. El proceso penal contra su presunto agresor continúa, y con él, la esperanza de que hechos como este no se repitan. Para muchas familias, los animales no son simples mascotas: son parte del hogar, seres sintientes que merecen respeto, cuidado y una despedida digna.

La justicia llegó tarde para Lulú, pero podría ser el inicio de un cambio necesario para muchos más.

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