
La comunidad del corregimiento de Doima, en el municipio de Piedras, Tolima, se levantó en un clamor de rechazo e indignación tras el brutal asesinato de Slendy Hernández Guzmán, una niña de tan solo nueve años que perdió la vida en un crimen que ha estremecido a toda la región.
Según el reporte de las autoridades, la menor recibió más de 40 puñaladas propinadas por su padrastro, Jhon Alexander Torres Murcia, en hechos ocurridos en la madrugada del domingo 14 de septiembre en el barrio El Recodo del municipio de Mosquera, Cundinamarca. El ataque se desencadenó luego de una discusión entre Torres Murcia y Angie Paola Guzmán López, madre de la víctima. La riña, lejos de quedar en un altercado de pareja, terminó en una tragedia atroz que segó la vida de la menor.
La gravedad de las heridas obligó a trasladar a Slendy a un centro asistencial en Facatativá, pero pese a los esfuerzos médicos, falleció. Su agresor, de 33 años, intentó acabar con su propia vida después del crimen, sin lograrlo. Hoy permanece bajo custodia de la Policía, en condición de salud reservada, mientras la justicia avanza en los procesos judiciales en su contra.
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Un pueblo sumido en la tristeza
La noticia del asesinato no solo golpeó a la familia de Slendy, sino que destrozó la tranquilidad de Doima. Vecinos, amigos y familiares organizaron una velatón en memoria de la niña, un acto de solidaridad que buscó alzar la voz contra la violencia que se llevó la vida de una menor indefensa. Con velas, mensajes de dolor y lágrimas, la comunidad expresó su impotencia y exigió que el crimen no quede impune.
En la Institución Educativa Roberto Velandia, donde Slendy cursaba estudios, el ambiente es de desconsuelo. Sus profesores la describieron como una niña amable, solidaria y querida por sus compañeros. La pérdida dejó un vacío imposible de llenar y un ejemplo doloroso de cómo la violencia intrafamiliar cobra vidas inocentes.
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Exigencias de justicia
El caso ha puesto nuevamente en evidencia los riesgos que enfrentan niños y niñas en contextos de violencia doméstica. La crueldad del ataque contra Slendy, con más de cuarenta heridas, ha generado indignación nacional y reclamos urgentes para que las autoridades adopten medidas más severas de protección y prevención.
La comunidad de Doima, junto con los habitantes de Mosquera, coincide en un clamor: que este crimen no sea una cifra más en las estadísticas y que se haga justicia plena. El asesinato de Slendy Hernández Guzmán es un llamado de alerta sobre la necesidad de actuar con contundencia frente a los agresores y de fortalecer los mecanismos de protección para los menores de edad.
Hoy, el Tolima y Cundinamarca comparten un mismo dolor y una misma exigencia: ni una víctima más por culpa de la violencia intrafamiliar.




