
Una encuesta gubernamental halló que son unas 541.000 personas en ese país, pero muchos expertos creen que la cifra total es mucho más alta, pues a veces tardan años en pedir ayuda. En Japón medio millón de personas viven como ermitaños modernos. Se les conoce como: «hikikomori»: solitarios que se retiran de todo contacto social y, a menudo, no abandonan su casa en años.
Se pensaba que esta condición era única de Japón, pero en los últimos años se ha extendido por el mundo a países como Estados Unidos, España, Italia, Francia entre otros.
La influencia de la tecnología moderna en el aislamiento, este lejos todavía de establecerse potencialmente entre estos dos fenómenos, pero preocupa que la «generación perdida» de Japón pueda ser un llamado de atención de nuestras cada vez más desconectadas sociedades.
El término hikikomori se refiere tanto a la condición como a quienes la padecen y fue acuñado por el psicólogo japonés Tamaki Saito en su libro «Aislamiento social: una interminable adolescencia» (1998).
El concepto se define como una combinación de aislamiento físico y social al que se suma sufrimiento psicológico que puede durar seis o más meses.
El trastorno se consideró cultural en sus inicios. Y hay razones para pensar que la sociedad japonesa es especialmente vulnerable a él, dice Takahiro Kato, profesor de psiquiatría en la Universidad de Kyushu, en la región de Fukuoka, y estudioso del hikikomori.
Intentar cumplir con las expectativas de la sociedad japonesa también se ha vuelto más difícil. El estancamiento económico y la globalización están haciendo que las tradiciones colectivistas y jerárquicas de Japón entren en conflicto con la visión más individualista y competitiva de Occidente, dice Kato. Y los padres japoneses sienten una fuerte obligación de apoyar a los niños pase lo que pase y a menudo, la vergüenza les impide buscar ayuda, explica el psicólogo.
Sin embargo, establecer una explicación más profunda es muy difícil.
Muchos estudios dicen que el hikikomori está relacionado con desórdenes psiquiátricos o de desarrollo que pueden variar en tipo y gravedad. También puede desencadenarse por estrés laboral o familias disfuncionales.
Otro factor que suele discutirse es el uso de la tecnología como internet, redes sociales y videojuegos, fuente de un continuo debate en investigaciones sobre la salud mental.
Teo Young Choi, psiquiatra e investigador en la Universidad Católica de Daegu, en Corea del Sur, no cree que la tecnología cause necesariamente el aislamiento, pero dice que puede profundizarlo. «Algunas personas se aíslan más usando la tecnología», señala.
Sin embargo, es importante no demonizar la tecnología, opina Teo.
Las redes sociales o el email no son causas directas de problemas mentales; son vehículos de comunicación que pueden usarse de forma tanto positiva como negativa.
Internet proporciona una ventana para las vidas aisladas de los hikikomori.
La creciente interconexión entre los mundos online y offline también podría ofrecer formas de hacer que los hikikomori retornen a sus vidas diarias.
Los expertos están de acuerdo en que el contacto social directo y las terapias intensivas no pueden sustituirse. Yoko Honda, quien dirige el Centro de Salud Mental y Bienestar de Fukuoka, dice que el gobierno de Japón les ha empujado a usar las redes sociales para proporcionales consejos de manera remota, aunque los hikikomori se resisten.
Además de la psicoterapia y la medicación para tratar cualquier trastorno psicológico subyacente, una parte central de su estrategia es el asesoramiento familiar para tratar hogares disfuncionales.
La recomendación especializad es a no desestimar que el aislamiento social podría ser síntoma de otras condiciones como la depresión o el trastorno de estrés postraumático, y que Occidente podría aprender mucho de la experiencia en Japón.
f:/BBC




