Óptica periodística

Del marketing de guerrilla a la viralidad
Tal vez quienes como yo no pertenecemos ni a la generación millennials, llamada también generación Y o generación Peter Pan, la cual siguió a las generaciones de los Baby Boomers y Generación X, no sabemos que una de las principales características de tal población es el manejo de la comunicación digital, muy importante en este siglo XXI para casi todas las actividades del ser humano.
Nos damos cuenta de que o no pertenecemos a dicha generación (primero por la edad, claro) pero esencialmente por el uso del lenguaje y significación tecnológica. Para ellos, community manager, dominio SEO, comunidades 2.0, trending topics, es parte de su vocabulario, de su lenguaje o casi de su jerga de la vida cotidiana, de negocios, del estudio o relaciones.
Motores de búsqueda SEM, Google AdWords, el PPC (que no es pollo, piza y carne, si no pago por clic), estimador de tráfico (que es muy distinto a la mirada que sobre el trancón vial puede tener el policía de tránsito o chupa, y tiene más relación con la superautopista de la información).
Ellos hablan con toda naturalidad del concepto de Long tail, mientras que nosotros pensamos que es una especia de nombre de comida oriental. Los plugins como herramientas de máximo provecho, los WPTouch, (que no son nombre de gallestas integrales), Disqus como sistema de comentarios, buddypress, digresss it, breadCrumb NavXT o community news aggregator, son términos de una cotidianidad para ellos como el hola o buen día de nosotros.
Dinamizar contenidos o comentarios, no hace referencia a ninguna charla cara o cara o interacción social, si no a mejorar velocidad y efectividad de dispositivos. Tumbir, que no tiene ninguna línea relacionar con el consabido tumbar nuestro, ni sus trolls hacen referencia directa al que nos enseñaron como el malo u ogro de las películas infantiles.
Visibilidad, herramientas, pirendo, rankur, reputatationclick, sproutsicial, son parte de su manera de expresión a la cual parecen aferrarse de forma natural y espontánea, mientras nosotros corremos al diccionario o traductor para saber exactamente a qué se están refiriendo de manera tan relajada.
Crear una comunidad, tener buenas prácticas, contar historias, usar hashtags, hacer el perfil público o viralizar (nada malo como nos enseñaron a nosotros sobre virus y bacterias) o lograr viralidad como algo muy bueno en su mundo de redes sociales, hasta marketing de guerrilla que tampoco tiene que ver nada con insurgencia, armas, muerte o terrorismo como nos acostumbramos nosotros a la acepción de esa palabra.
Todo esto nos llama a una reflexión profunda sobre la comunicación, ese fenómeno social que data de tiempos remotos en la humanidad y como lo dirían estudiosos de esa disciplina como Mariano Zarowsky o Romina Schunaider, “se trata ni más ni menos de una actividad humana cuya práctica es compleja y fascinante “que involucra la forma en que se estructuran, producen y recepcionan los diferentes tipos de mensajes, el estudio de las ideas y valores que circulan a través de los medios, las relaciones de poder que se vinculizan a través de ellos y la reflexión acerca de la innovación tecnológica, las circunstancias sociales y los usos que promueven”, es decir, lo que tratamos de hacer hoy de echar una pequeña mirada a esa herramienta tecnológica y sus usos por una nueva generación que produce sus propios fenómenos comunicacionales y sociales a través des de ellos”.
Los entendamos o no, descifremos o no, están, son y llegaron para quedarse en nuestra cotidianidad; por tanto, es mejor irnos acostumbrando a su alcance real y saber si ese tipo de comunicación será simplemente virtual o virtuosa. Mejor dicho, administren sus recursos y por ahí en lo más básico del uso de lo social media, nos estamos “whatssapiando”.






