Wilson Ruiz Orjuela

El desarme de las FARC

La entrega de armas de un grupo que haya estado en la ilegalidad se constituye en uno de los hechos más importantes de cualquier proceso de paz, no solo porque es la manifestación palpable de la voluntad para abandonar la lucha armada y reinsertase a la vida civil, también porque permite dar garantías de no volver a utilizar ese material bélico ante cualquier situación adversa surgida durante el proceso de reinserción.

En ese sentido son muy pertinentes los debates y las críticas surgidas frente a la dejación de armas de las Farc, cuyo plazo final, de acuerdo a lo establecido en los diálogos de La Habana, se cumple el primero de junio próximo.

Ya hay manifestaciones del Gobierno Nacional al respecto, en el sentido que la dejación de armas de los desmovilizados de las Farc que se encuentran en las zonas veredales se dará en ese lapso determinado inicialmente, es decir el primero de junio, que es el día D+180, aunque la entrega de las caletas que mantiene las Farc, de acuerdo con lo indicado por el Gobierno, tomará más tiempo teniendo en cuenta que la Organización de Naciones Unidas pidió un plazo para hacer la verificación de esa entrega.

Este trámite puede tener mayores complicaciones de verificarse las denuncias hechas desde países vecinos, en el sentido de que las Farc tienen caletas en sus territorios, específicamente en Venezuela.

Sin embargo todos los procesos de paz adelantados con grupos al margen de la ley del mundo vivieron dificultades similares o aún peores que las vicisitudes afrontadas en las negociaciones de Colombia.

El desarme de las organizaciones guerrilleras de El salvador, coordinadas por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional duró más de 18 meses después de la firma de los acuerdos de paz, que también tuvo la intervención de la ONU. La dejación de armas del Ejército Republicano Irlandés, IRA, duró cerca de 10 años, sin embargo hubo muchas críticas por la falta de certeza de la entrega de la totalidad del material bélico que poseían.

Como esos casos son muchos los procesos de desarme del mundo cuyas complejidades no han permitido que sea un trámite inmediato. Lo que se espera del actual proceso adelantado en el país, es que se logre la destrucción de todo el armamento que está en manos de las Farc, así el periodo para ese objetivo se prolongue.

Claro que esta será una labor compleja, no por las presuntas caletas que no puedan ser encontradas, más por la dificultad para erradicar todos los explosivos que fueron sembrados en campos minados o aquellos abandonados en zonas rurales, que como se ha visto durante el conflicto, terminan causando daño a personas que están al margen de la confrontación.

La labor de la ONU en este proceso de dejación y destrucción del armamento será fundamental, lo importante es que esté cerca el día en que el desarme de las organizaciones al margen de la ley sea una realidad y que el monopolio de las armas regrese al Estado tal como lo establece la Constitución.

@WilsonRuizO

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