Reivindicación del Abya Ayala
Óptica periodística
Está en plena expansión un término que nos convoca a aprender, cuestionarnos e indagar: Abya Ayala.
Palabra que nos invita a percatarnos que el ambiente se entiende desde la relación cultura y naturaleza, como lo señala Carlos Augusto Ángel, filósofo ambiental. Igualmente, que de ese ambiente son responsables los habitantes, es decir, quienes los habitan.
Esos habitantes que por su paso “civilizador” en ese territorio son los causantes de las crisis ambientales -que no suceden por generación espontánea- y son mucho más que la falta de recursos para explotar, como lo entienden las doctrinas de los países primermundistas.
Crisis que podrían ser evitadas si volvemos a los conceptos de los pueblos originarios de América que entienden la tierra no como propiedad o algo para poseer, sino a nosotros como parte de la misma, “del habitar, del oikos, de la physis, de la Abya Ayala, de la Pachamama, de la Amerrique. Ser humano es entonces comprender la lengua de la tierra, que es la maestra que enseña como habitar” (Noguera, A. (2016). Voces del Pensamiento Ambiental, 75).
Este pensamiento antepuesto a esa cultura esquizofrénica del consumismo que el hombre implemento sobre la tierra, donde la vida misma pareciera pasar por el ojillo de una mercancía dada la lógica de producción industrial que impera en nuestra sociedad moderna y cuyos cimientos son la tecnología y el avance científico.
Todo ello en detrimento del único lugar que podemos habitar hasta ahora los humanos y que esa perversa lógica generalizada no parece comprender. Pero ante esto, el surgimiento de ese nuevo “ethos ambiental” se convierte en una esperanza de cambio al abogar por lo que algunos autores llaman contactos “cuerpos-tierra”.
El primer paso para el cambio es entender que ese desarrollo desde el Abya Ayala es tan diverso y complejo que no se puede reducir a las categorías que pretende el llamado modernismo, ya que por el contrario da espacio a relatos para comprender la tierra y no solo tratar de explicarla, manejarla o explotarla a través de leyes positivistas y principios universales.
Entiende El Abya Ayala a la tierra como algo indescifrable, misterioso que no solo está en lo físico, si no en la música, el olor, las historias, las sensaciones, las imágenes creadas de ella a lo largo del tiempo por las comunidades indígenas a las que la modernidad invisibiliza.
Ese vocablo indígena significa el buen vivir en una tierra generosa que se habita, que al mismo tiempo es todo y es nuestra casa. Es un acto de cuidado, amor y respeto. Una idea siempre presente en los pueblos aborígenes que ha sido retomada por movimientos ambientales de América Latina desde México hasta la Patagonia, reivindicando el derecho de estas naciones a no caer en la lógica del neocapitalismo o neocolonialismo que quiere romper esas formas de resistencia contra la voraz intención de explotar los recursos naturales de la tierra hasta su último grano, en nombre de la modernidad.
El riesgo que enfrentan hoy los movimientos sociales emergentes es que se contamine lo que Boaventura de Sousa Santos denominó el pensamiento-sentimiento abyayalenses. Que se pretende marchitar epistemológicamente a través de la enseñanza en los sistemas educativos tradicionales la supuesta racionalidad científica eurocéntrica, que aún impera en la enseñanza de nuestros países y con ello hegemonizar el pensamiento.
