Edgardo Arzuza

¿Calamidad Humanitaria?

Por: Edgardo Arzuza

El pasado sábado primero de abril el país se levantaba con la triste noticia de que buena parte del municipio de Mocoa, Putumayo, había sido arrasado por causa de una avalancha de agua, lodo, piedras, escombros y todo lo que iba recogiendo a su paso. El resultado de tan lamentable desastre, según informe del Presidente Santos,  concluida la etapa de respuesta el martes 18 de abril: 17 barrios directamente golpeados, 323 víctimas mortales, 103 desaparecidos, 332 heridos,  5883 familias damnificadas censadas, y en general toda la ciudad y sus habitantes afectados.

Estos hechos generaron un despliegue mediático como hace tiempos no veíamos, la gran mayoría de los medios de comunicación nacionales cubriendo la noticia in situ, con varios boletines durante el día, enviados especiales, y en general todo el esfuerzo informativo que amerita una catástrofe de tamañas dimensiones.

Gracias al cubrimiento informativo de los medios escritos, radiales y televisivos, los colombianos y el mundo entero pudimos ser testigos de las consecuencias de la avalancha en Mocoa, las imágenes eran impactantes y desgarradoras,   3 barrios enteros sepultados por el lodo y las piedras, cientos de personas desesperadas buscando a sus familiares desaparecidos, estremecedores testimonios de madres cubiertas de lodo narrando como fue imposible salvar a sus pequeños de la fuerza de las aguas, decenas de integrantes de los organismos de socorro procurando ayudar a los damnificados, removiendo escombros, buscando desaparecidos, etc.

La reacción del pueblo colombiano no se hizo esperar, la movilización fue generalizada, dichas imágenes, testimonios, artículos, editoriales, tocaron las fibras de millones de colombianos, miles de los cuales Gracias a Dios continuamos en la comodidad de nuestras casas disfrutando de nuestras familias y de ese a veces poco valorado calor de hogar. Las redes sociales sirvieron de canal para liderar campañas de recolección de ayudas humanitarias, las entidades financieras habilitaron cuentas para recaudar fondos, las compañías de telefonía móvil hicieron lo suyo para recibir donaciones, entidades públicas, privadas, corporaciones, fundaciones, y en general los  colombianos, y algunos sectores de la comunidad internacional se volcaron a ayudar al pueblo de Mocoa para atender la crisis humanitaria.

Hoy después de 22 días de ocurrida la tragedia, el cubrimiento de noticias acerca de lo que pasa en Mocoa es cada vez menor, la movilización por redes sociales ya prácticamente ni se ve ni se escucha, se han presentado otros acontecimientos de orden nacional e internacional que ocupan la atención de los medios y sus espectadores y se silencian poco a poco las voces de y por los Mocoanos.

Lo anterior nos puede parecer normal y de hecho puede serlo, máxime si tenemos en cuenta que la memoria de los colombianos no es la más prodigiosa, nos olvidamos con facilidad de aquellas cosas que nos causan dolor, que dejan herida, que hacen daño; aunque pienso que más que olvidarnos, simplemente tratamos de ignorarlas, es un mecanismo terapéutico para seguir adelante, al fin y al cabo como dice el refrán “no nos podemos quedar en el pasado” lo cual comparto en buena medida, lo que no podemos seguir haciendo es seguir adelante como si nada hubiera ocurrido.

“Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla” frase que se le atribuye a diferentes personajes a lo largo de la historia, desde el pensador chino Confucio, hasta el tirano francés Napoleón Bonaparte, lo importante es que no pierde vigencia y debemos recordarla; lo que pasó en Mocoa, no puede repetirse, lo que pasó en la capital del departamento del putumayo debe prevenirse y evitarse, no podemos tener otro Mocoa, ni otro Armero, ni ningún hecho de esta naturaleza, en el que se entierren vidas, sueños, familias y ciudades enteras por falta de acción de las autoridades competentes.

Los Colombianos no podemos seguir siendo paños de agua tibia, está en cabeza de todos alertar a los organismos de situaciones de riesgo, de peligro, de daño, no podemos esperar más avalanchas, inundaciones, derrumbes, erupciones, etc.; pero lo que es más importante, no debe haber más Mocoas para solidarizarnos, para movilizarnos a ayudar a aquellos que más lo necesitan, no hacen falta campañas mediáticas para mostrarnos la realidad de un país necesitado, de una sociedad carente de oportunidades, de recursos, de esperanzas.

Aplaudo y felicito a todos aquellos que se tomaron el tiempo de hacer un depósito de dinero, de enviar un mensaje, de llevar comida, una muda de ropa, o que con cualquier cosa aportaron para los damnificados de Mocoa; según la presidencia se recaudaron 9.830 millones de pesos de donaciones en Colombia, 9 millones de dólares del exterior y cerca de 2000 toneladas en ayudas humanitarias, el andamiaje estatal ha concluido la primera etapa de respuesta, siguen las etapas de estabilización y reconstrucción, en las cuales se anuncian grandes aportes del sector público para los Mocoanos, pero la labor no tiene que hacerse cada vez que se presenten hechos como este, tenemos 365 días al año, 7 días a la semana 24 horas al día para aportarle a los demás, en este momento, mientras yo escribo esta columna y mientras ustedes leen estas líneas hay personas que necesitan de un plato de comida, de una muda de ropa, de una asesoría, acompañamiento, de una mano amiga o tan solo de unos minutos de conversación y atención ya que pueden estar en el olvido.

No esperemos a que nos pase a nosotros o a nuestros familiares, no esperemos que un desastre y su cobertura informativa nos impregne las fibras, hoy se puede ayudar, hoy se puede tomar la determinación de servir, cada día, o cada semana o cada mes, pero es ese uno de los aportes el que hace mejores sociedades, comprometidas, solidarias y humanitarias.

Hoy Manizales necesita de usted, de mí, de nosotros, hoy  hay Colombianos que necesitan de otros Colombianos.