Edgardo Arzuza

Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana…

 

La frase del título es la primera del prólogo de cada uno de los siete capítulos de la mundialmente conocida saga de películas, pertenecientes al género de la opera espacial épica, La Guerra de las Galaxias, las cuales han recaudado la nada despreciable suma de 5.100 millones de dólares aproximadamente en taquilla.

Más de 30 mil millones de dólares sumando los ingresos por otros medios tales como novelas, series de televisión, videojuegos, historietas, miniaturas, etc, Ha recibido 30 nominaciones a los premios Oscar, de los cuales ganó siete, se estrenó simultáneamente en más de 115 países (algo sin precedentes en la historia del cine) y otra serie de records a nivel mundial, que han hecho que se diga que si no la has visto, perteneces al 1 % de la población, algo que ciertamente suena exagerado, pero denota el interés, la pasión y la fiebre mundial que desata en grandes y chicos la famosa saga.

Si bien hace bastantes años en mi niñez había visto un par de capítulos de la primera entrega, poco recordaba de su contenido, fuera de que me habían gustado en aquel entonces. Ya en edad adulta, a pesar de ser adepto del cine, no amante ni aficionado, no me había motivado a ver los otros capítulos a pesar de escuchar comentarios de toda clase al respecto, y el acaparamiento comercial y mediático del que eran objeto estas películas cada vez que iban a ser estrenadas. Finalmente, en el 2015, durante la última entrega, decidí que tenía que saber de qué se trataba, ya con edad para apreciarlo, el tan resonado fenómeno cinematográfico.

Sólo me faltó el último capítulo, terminé la tarea apenas esta Semana Santa que pasó. Cada capítulo lo vi en muchas fracciones. No me despertó tanto interés como a tantos, aunque están muy bien dirigidas y producidas, algunas actuaciones no son las mejores, pero la ambientación, música, trama y muchos aspectos que giran alrededor de la historia mantienen el interés del espectador, lo que hace que uno siempre quiera ver el final y el capítulo siguiente.

Se preguntarán el por qué de esta referencia cinematográfica. La respuesta radica precisamente en que encontré la trama, la historia central, sumamente interesante; hallé allí en esos personajes y en sus historias de ciencia ficción, un inmenso parecido con muchos de los líderes del mundo a lo largo de la historia. Desde Julio Cesar, hasta nuestros vecinos bolivarianos, pasando por Hitler, Stalin y muchos otros. Y es que para los que no la han visto, resulta que el “elegido”, el personaje principal de la historia, aquel iluminado que según la profecía va a liderar a los buenos, acabar con las guerras, establecer la paz y acabar con las injusticias y conseguir la unión, resulta siendo al fin de cuentas el peor villano de la galaxia, la representación del mal y de la opresión, de la oscuridad.

¿Como pudo ocurrir esto?, pues como ocurre en nuestro país, en nuestros departamentos, en nuestra ciudad y en el mundo entero: el hambre de poder y una  razón “valida” acabó con todas las buenas intenciones del “elegido”, lo convirtió en asesino, traidor, insensato, avaro y vil líder del mal.

Actualmente, entramos en nuestro país en época de campañas electorales. Ya empezamos a escuchar o leer ideas, proyectos o posturas de los futuros aspirantes. Ya empiezan a asomarse los próximos elegidos, todos ellos con las mejores intenciones, con el corazón más puro, con las ideas más nobles, con los principios y valores más firmes y transparentes, tal y como es siempre en época de campaña; tal como nuestro protagonista en época de entrenamiento y formación, todos se muestran incorruptibles, incólumes, de una sola pieza, basta con que lleguen al poder o se asocien con quienes están en él para empezar a sacar su lado oscuro, o mejor, el lado oscuro de la fuerza, allá se sienten invencibles, se olvidan hasta de los más cercanos y atrás, muy atrás, dejan sus ideales.

Algunas veces la metamorfosis de nuestros dirigentes ocurre durante su formación política, son influenciados por caudillos mañosos, tramposos y ladrones, allí bajo la influencia de sus  padrinos quedan sus ideales, sus principios y su formación ética y moral. Incluso sus valores familiares, luego de que hasta los cercanos a ellos resultan desconociéndolos y a sus actuaciones.

Otras veces pareciera que llegaron al poder impermeables de corrupción, lograron llegar a la meta aislándose de las prácticas corruptas y de los emisarios del mal, pero desafortunadamente la prueba de poder resulta siendo irresistible para muchos, el dulce sabor de las mieles, del dinero, termina seduciéndolos, volviéndolos adictos, dependientes de sus beneficios y los lleva al afán de querer más y más, sin importar a que ideología deban renunciar; sin importar con quien deban aliarse, que deban aprobar o desaprobar y por supuesto desconociendo el interés general y las razones por las cuales fueron elegidos.

En últimas, estando allá, solo importan sus intereses personales y su hambre de poder, lujos, propiedades, viajes, placeres, etc. De último quedaron aquellas promesas de campaña, esos hermosos discursos y tantos compromisos con el pueblo, allí priman los compromisos económicos, para los ya convertidos representantes del lado oscuro de la fuerza.

Habrá quienes desde sus inicios tienen negras intenciones, aquellos que en ningún momento pensaron en ser una solución real para los problemas de sus comunidades, en generar verdaderas soluciones que transforman; esos que siempre tuvieron claro que ocupar un cargo de elección popular solo representaba el medio para conseguir mejor calidad de vida para sí mismos y sus seres queridos, para tener acceso a una vida de lujos y un puesto de control dentro de una sociedad enferma, en la que las opciones son cada vez más limitadas.

Frente a esta clase de seres oscuros y siniestros solo se puede luchar, tratar de desenmascararlos y relegarlos al ejercicio del crimen y del hampa en las calles o condenarlos a una celda, estos difícilmente en algún momento de sus vidas recapacitarán.

Pero los otros, que pienso son la mayoría, sí es posible que se mantengan al margen de tantas prácticas indebidas, corruptas, ilegales; es posible que piensen que el país, el departamento, la ciudad necesita de líderes positivos, líderes del bien, que no se dejen seducir por lo mismo, que no prioricen el dinero, que no traicionen sus ideales, sus principios, sus valores, que miren ejemplos de mandatarios y gobernantes ahora tras las rejas, en el escarnio público, con carreras brillantes arruinadas, familias separadas, patrimonios confiscados y odiados por aquellos que alguna vez confiaron en ellos.

Hay mucho trabajo por hacer en el país, el Tolima  e Ibagué; hay muchas cosas buenas por hacer en diferentes escenarios, no busque hacer lo malo si hay tantas opciones buenas. No incursione en el lado oscuro de la fuerza con los apellidos de siempre, porque está demostrado que no es fácil escaparse de él, y el final nunca es bueno.

Mucho se dijo de un ex alcalde de Ibagué con aspecto bonachón y de buen corazón, en quien la ciudadanía confió que iba a ser la solución para la difícil situación de nuestra capital, porque luchó en tres ocasiones para serlo, pero finalmente, al parecer, se dejó seducir por los varones del mal, inmenso daño causo a la ciudad y será recordado por generaciones por el terrible perjuicio que por acción u omisión nos ocasionó a todos los tolimenses.¿Se contagió en el camino? ¿O cuándo llegó al poder?  

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana…o mejor dicho por acá en una muy, muy cercana, pero hace poco, en la actualidad en el departamento y la ciudad y si seguimos así, también en el futuro…por los siglos de los siglos…Ojalá que las fuerza nos acompañe.