ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Castillo sería l fantasma de Petro

Crónica de Gardeazábal 227

Sin quitarse el inmenso sombrero conque hizo toda su campaña y con el cual se identificó ante su país y el mundo,  que no  lo conocían hasta antes de ganar la primera vuelta, Pedro Castillo Terrones tomó posesión ayer como presidente del Perú. Es el primer campesino que llega a ese cargo. Hasta hace 6 meses era un maestro de escuela en la provincia de Cajamarca. Algunos lo recordaban por ser un líder sindical aguerrido cuando la gran huelga de maestros que ese país soportó. Como durante su campaña electoral para la primera vuelta repitió una y otra vez que usaría el esquema marxista leninista  de la economía y como cada que daba alguna declaración demostraba que sus conocimientos en casi todas las áreas resultaban muy escasos, su contrincante en la segunda vuelta, la señora Fujimori, le resaltó tanto su castrochavismo que obligó a sus asesores a atenuarle el discurso antioligarca. Ayer al posesionarse fue prudente al esbozar sus propuestas renovadoras aunque  ladinamente no las ocultó lo que indica que, más temprano que tarde  o cuando aprenda a gobernar,   las impondrá. Pero como  lo que si no pudo ocultar fue su evidente ignorancia en el manejo hasta del lenguaje de la cosa pública,  resultará inevitable que vaya a dar tumbos por lo menos los primeros seis meses. Insistió tanto en que convocará una constituyente que por esa vía o por la amenaza explícita de que les arrebatará los privilegios a los que él llama las grandes corporaciones rapidito va a encontrar campo de batalla y renovará sus sustos. Y como su ignorancia es supina, en un país con crisis permanente de empleo y de educación como el Perú, amenazó que los jóvenes que no trabajen o estudien irán al servicio militar, lo que pondrá en breve a la muchachada en la calle y los fantasmas volverán de nuevo.

El hecho es que  la aventura peruana nos va a tocar vivirla muy cerquita y como la derecha universal se encargará de pregonar y amplificar los pasos equivocados y de repetirle que es un izquierdista dañino, el oleaje de sus inevitables errores llegará a Colombia y en plena campaña electoral. Como tal, su ejemplo y sus metidas de pata se volverán fantasmas para espantar a quienes insistan en votar por Petro. Pero, sobre todo, en caballito de campaña electoral  para quienes intentarán impedir que nos gobierne alguien que piensa como Lenin y actúa como el maestro peruano.

Gustavo Álvarez Gardeazábal

El Porce julio 29 221

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