¿Como orientar a un niño desde el respeto?

Padres y profesores me han hecho la misma pregunta una y otra vez: ¿Cómo lograr que en el proceso de orientar a un niño, de buscar enseñarle a corregir aquellas conductas que estimamos no son apropiadas para su vida, éste se sienta respetado y tan legítimo como el adulto que lo educa?, y la verdad me emociona saber que cada día son más las personas interesadas en encontrar maneras de educar que respeten al niño y que no lastimen su auto concepto y su integridad.
Lo primero es tener claro que en el convivir con un niño tu accionar puede transmitirle aceptación o rechazo, en otras palabras con tu accionar puedes transmitirle que reconoces que él es alguien tan grande y especial como tú o que simplemente niegas su grandeza reduciéndola a un error o a una conducta con la que no estás de acuerdo.
¿Cómo hacer entonces para introducir la aceptación del niño o niña en el proceso educativo que como papá, mamá o profesor desempeñas? y, mejor aún, ¿cómo vivir las acciones que reconocen al niño como alguien tan legítimo y válido como el adulto que enseña?, es simple, aceptando su legitimidad.
Un ejemplo, lo encontramos en una situación de ocurrencia diaria. Cuando tú piensas que tu hijo hizo mal una actividad porque “es perezoso”, tu actuar frente a él va dejar al descubierto lo que ocurre dentro tuyo y toda su grandeza y legitimidad van a quedar reducidas a su condición de “perezoso”, negando su ser y su realidad. En cambio, frente a la misma situación, si piensas que tu hijo hizo mal la actividad porque, por ejemplo, aún no tiene la práctica adecuada para hacerla bien, tu actuar frente a él va a reflejar que lo que ocurrió tiene que ver con una dificultad en su “HACER”, no en su “SER”.
Cuando piensas que tu hijo es perezoso vas a intentar corregir su “ser”, vas a negar su legitimidad y le vas a dejar el mensaje de que él tiene una condición natural que es mala, lo que en otras palabras equivale a atacar de manera directa su integridad y programarlo para que piense que algo en él funciona naturalmente mal. ¿Si mi mamá que es la persona que más me ama piensa que algo en mi funciona mal, porque tengo yo que creer que puedo funcionar bien?.
Cuando piensas que tú hijo no hizo lo que esperabas que hiciera porque presentó una dificultad en su “HACER”, dejas al descubierto de su corazón y de su entender que no estás a intentando corregir su “SER”, pues su dificultad no es una condición natural suya y él es tan grande y tan legítimo como tú, le estás dejando el mensaje de que él está bien, que la dificultad es simplemente de “practica”, es decir entrenable y no una situación con la que nació y con la que debe acostumbrarse a vivir.
La posición desde la que abordes las conductas de tu hijo o tu alumno van más allá de un simple juego de palabras, pues para tu actuar es radicalmente diferente cuestionarse ¿PORQUÉ ES TAN PEREZOSO?, a ¿PORQUÉ ACTUÓ CON PEREZA?, con esta última buscas corregir la práctica del niño sin atacar su ser.
De lo que hay que hacernos cargo al educar es de crear una convivencia en la que el niño sea tan legítimo como el adulto que enseña, recuerda que los niños aprenden a tratarse a ellos mismos de la misma manera en que los han tratado quienes los cuidaban.
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