ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

El Papa argentino y peronista

Crónica de Gardeazábal # 210

Cuando éramos niños el hipo que aquejaba al Papa Pio XII resultaba noticia  a seis columnas de primera página, inundaba todos los teletipos, alborotaba a todos los templos y a todos los curas en la entonces rezandera, católica, apostólica y romana Colombia, hecha a imagen, semejanza y censura de la cruel e inquisidora  iglesia española. Nadie preguntaba por el silencio del cuestionado cardenal Paccelli cuando se quedó mudo antes de ser papa, durante los comienzos de la asustadora década hitleriana pese a que era el Nuncio del Vaticano en Berlín. De eso no se hablaba. Menos de la actitud muy criticada frente a Hitler y la persecución de los judíos  habiendo sido elevado al papado como Pio XII al comenzar la guerra. Han pasado casi 70 años de aquellos momentos preocupantes del hipo del papa. Ahora el cardenal Bergoglio, argentino, peronista y  homófobo anda mal del colon. Le extirparon 5 divertículos que en el mejor de los casos no salen cancerosos, pero generan tantas molestias estomacales antes como después de extirparlos. Ya nadie reza por él en las iglesias, las campanas dejaron de sonar hace mucho  y los grupos de oración que reemplazaron a las jornadas del catecismo ni se habrán enterado de las maluquerias papales. Y no lo hacen  porque quizás el mundo mandó  a la fe católica al mismo líchigo donde esconden por estos días  la literatura , o porque el papa argentino poco o nada les representa. Francisco es tan argentino y populista en sus actuaciones públicas y privadas, como  resulta peronista en sus homilías. Ha sido y seguirá siendo tan homófobo como desde cuando ejercía  de jesuita en la pampa y filtraba a todos los seminaristas aflautados que iba identificando. Ha hecho pocos amigos en la curia vaticana, tan maricona y tan astuta siempre. Tampoco los ha hecho a los ojos del mundo que aspiraba una continuidad al menos en la capacidad de mandar y orientar  que tenía el papa polaco, que acabó con el comunismo, o que poseía el alemán, que se hizo el sordo o el ciego ante la perversidad de sus sacerdotes acusados de abusadores sexuales de los monaguillos. Ni siquiera ante la pandemia que se ha carcomido y sigue segando las cabezas humanas fue capaz de encabezar la gran oración de todas las iglesias del mundo para, al menos mediáticamente, revivir las grandes rogativas que en la edad media organizaban esperanzados los papas para combatir la peste negra o la bubónica. Ha estado  Francisco muy pero muy lejos de sus fieles católicos que mueren por montones victimas de la peste. Ha estado lejos, pero muy lejos, de condenar el abuso de los países ricos acaparando la vacuna. Ha estado tan lejos de su feligresía y de sus obispos y cardenales  que al hospital romano donde batalla por su salud, o acaso por su vida, solo llega el silencio de una iglesia desprestigiada que ya no reza ni por su papa.

Gustavo Álvarez Gardeazábal

El Porce, julio 6 2021

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