En el nombre del padre, de Lariza Pizano, editó Planeta
QUE LEE GARDEAZABAL
El vértigo criminal de Colombia ha permitido que con el paso de los años se conforme un grupo de dirigentes políticos a quienes les asesinaron a sus padres. Lariza Pizano, en un libro bien estructurado y fácil de leer, consigue entrevistar uno a uno a los integrantes de ese grupo con un objetivo central : averiguar como asumieron el duelo del asesinato de sus padres. El interrogatorio lo contestan los hijos de Pizarro, Cepeda, Galán, Cristo, Lara ,Reyes Echandía, y también Aníbal, el hermano de Guillermo Gaviria, y Miguel Uribe Londoño en su doble condición de esposo de Diana Turbay y padre de Miguel Uribe Turbay, el último de los acribillados en el interminable berenjenal en que se convirtió la política colombiana. Es un libro más virulento que informativo. Bien orientado consigue uno tras otro su objetivo pero corriendo el peligro de que los lectores terminen haciendo la comparación entre los entrevistados y los valores extralibris con el accionar que cada uno de ellos ha tenido en su propia proyección política .Como debe suponer cualquiera antes de emprender su lectura, en ese mix hay de todo como en botica. Cada quien asume individualmente la descripción de su respuesta y aunque no hay de parte de la entrevistadora el más mínimo esfuerzo por hacer un perfil del accionar en que haya caído uno y otro, resalta la diferencia en el grado de conciencia de lo que se heredó y se minimiza el golpe anímico generado por el asesinato. Hay dos extremos, el de Lara, actual ministro del gabinete de Abelardo, quien se destaca en el libro porque analiza muy bien la responsabilidad y popularidad de haber sido el primero de los herederos de esa singular secuela y Uribe Londoño, que minimiza su responsabilidad con la descripción valiente, serena e inteligente conque narra su doble duelo y su papel frente a la historia magnificando, con todo derecho, el dolor ante el cadáver de su esposa y de su hijo. Es un libro que aporta mucho al conocimiento del país y a registrar, para no olvidar ,el viacrucis que hemos pasado.
Gustavo Alvarez Gardeazábal

