Nelson Germán Sánchez

Óptica periodística

Del marketing de guerrilla a la viralidad

Tal vez quienes como yo no pertenecemos ni a la generación millennials, llamada también generación Y o generación Peter Pan, la cual siguió  a las generaciones de los Baby Boomers y Generación X,  no sabemos que una de las principales características de tal población es el manejo de la comunicación digital, muy importante en este siglo XXI para casi todas las actividades del ser humano.

Nos damos cuenta de que o no pertenecemos a dicha generación (primero por la edad, claro) pero esencialmente  por el uso del lenguaje y significación tecnológica. Para ellos, community manager, dominio SEO, comunidades 2.0, trending  topics, es parte de su vocabulario, de su lenguaje o casi de su jerga de la vida cotidiana, de negocios, del estudio o relaciones.

Motores de búsqueda SEM, Google AdWords, el PPC (que no es pollo, piza y carne, si no pago por clic), estimador de tráfico (que es muy distinto a la mirada que sobre el trancón vial puede tener el policía de tránsito o chupa, y tiene más relación con la superautopista de la información).

Ellos hablan con toda naturalidad del  concepto de Long tail, mientras que nosotros pensamos que es una especia de nombre de comida oriental. Los plugins como herramientas de máximo provecho, los WPTouch, (que no son nombre de gallestas integrales), Disqus como sistema de comentarios, buddypress, digresss it, breadCrumb NavXT o community news aggregator, son términos de una cotidianidad para ellos como el hola o buen día de nosotros.

Dinamizar contenidos o comentarios, no hace referencia a ninguna charla cara o cara o interacción social, si no a mejorar velocidad y efectividad de dispositivos. Tumbir, que no tiene ninguna línea relacionar con el consabido tumbar nuestro, ni sus trolls hacen referencia directa al que nos enseñaron como el malo u ogro de las películas infantiles.

Visibilidad, herramientas, pirendo, rankur, reputatationclick, sproutsicial, son parte de su manera de expresión a la cual parecen aferrarse de forma natural y espontánea, mientras nosotros corremos al diccionario o traductor para saber exactamente a qué se están refiriendo de manera tan relajada.

Crear una comunidad, tener buenas prácticas, contar historias, usar hashtags, hacer el perfil público o viralizar (nada malo como nos enseñaron a nosotros sobre virus y bacterias) o lograr viralidad como algo muy bueno en su mundo de redes sociales, hasta marketing de guerrilla que tampoco  tiene que ver nada con insurgencia, armas, muerte o terrorismo como nos acostumbramos nosotros a la acepción de esa palabra.

Todo esto nos llama a una reflexión profunda sobre la comunicación, ese  fenómeno social que data de tiempos remotos en la humanidad y como lo dirían estudiosos de esa disciplina como Mariano Zarowsky o Romina Schunaider, “se trata ni más ni menos de una actividad humana cuya práctica es compleja y fascinante “que involucra la forma en que se estructuran, producen y recepcionan los diferentes tipos de mensajes, el estudio de las ideas y valores que circulan a través de los medios, las relaciones de poder que se vinculizan a través de ellos y la reflexión acerca de la  innovación tecnológica, las circunstancias sociales y los usos que promueven”, es decir, lo que tratamos de hacer hoy de echar una pequeña mirada a esa herramienta tecnológica y sus usos por una nueva generación que produce sus propios fenómenos comunicacionales y sociales a través des de ellos”.

Los entendamos o no, descifremos o no, están, son y llegaron para quedarse en nuestra cotidianidad; por tanto, es mejor irnos acostumbrando a su alcance real y saber si ese tipo de comunicación será simplemente virtual o virtuosa. Mejor dicho, administren sus recursos y por ahí en lo más básico del uso de lo social media, nos estamos “whatssapiando”.

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La violencia sexual contra ellos va cada día en aumento, pareciera una epidemia en nuestra sociedad. Según la misma entidad nacional, en datos que proporcionó a la ONG internacional Save the Children, que hace estudios de este tipo en todo el mundo para la ONU, en el caso colombiano es menos que desgarrador saber que en el año 2015 el 75 por ciento de los casos que llegaron para ser valorados por Medicina Legal, correspondieron a menores de 14 años. Eso es aterrador por Dios.

Contra niñas entre los 10 y los 14 años se registraron 7.648 casos de posibles abusos sexuales. Contra pequeñitas de menos de cuatro años los casos fueron un poco más de dos mil. Pero no por ello podemos pensar que los varones, los niños, los jovencitos y adolescentes están a salvo. Pues fueron algo más de mil, pero al parecer no son tan denunciados como los cometidos contra las mujercitas.

Como si esto fuera poco, de los casi 27 mil casos de violencia intrafamiliar del año 2015 en Colombia, 10.430 afectaron directamente a los niños, según los mismos informes. Para colmo, en el país mueren por homicidio 2,5 niños al día.

Según se sabe el ICBF tiene bajo su tutela a un poco más de 115.000 niños para restablecer sus derechos. Esas y esos menores ingresaron por maltrato (cerca de 25 mil casos) y por abuso sexual (algo más de 20 mil casos).

No sé a ustedes pero esto asquea, da rabia en el corazón, entristece enormemente ese salvajismo, la conducta inhumana y atroz con que seguimos tratando a nuestros niños, la indiferencia e indolencia de muchos, incluidas nuestras autoridades frente al tema.

También, duele conocer que en buena medida los abusadores son familiares, vecinos o conocidos, pero que acechadores también son autoridades, figuras públicas, personajes de la política nacional y regional, quienes algunas veces endulzan a adolescentes con promesas de dinero, puestos, contratos o simplemente los embriagan para colmar sus ansias de abuso. Precisamente para una investigación periodística que desarrollo sobre el particular y los desafueros de un personaje en esta área, le consulté a algunos conocidos de la Fiscalía, el ICBF, la Defensoría, la Procuraduría algunas situaciones jurídicas particulares que podrían aplicarse a estos canallas de la vida pública, pues entiendo que su condición de funcionarios públicos merecen otras consideraciones legales.

Por todo esto, creo que debemos apostar por una revaloración de lo que entendemos por niñez, trabajar en ello cultural y educativamente, reforzar las leyes y códigos mientras surte el efecto de la reeducación, de lo contrario no pasará nada. Sigue siendo una pérdida valiosa de tiempo   discutir si cadena perpetua o muerte para los abusadores de menores; pues claro que sí, aunque es más efectiva, económica y útil socialmente la segunda, en eso no hay discusión. Ni se deben encender pasiones para la discusión pública bajo el falso argumento académico o de humanidad para con estos monstruos, nada de rebajas o topes de años de condena para ellos, para simplemente quedar bien o como diría nuestra inepta canciller Holguín “ubicarnos en los estándares internacionales humanitarios, por los cuales somos históricamente reconocidos” pamplinas. Duro y sin contemplaciones con ellos, y más si son familiares o personajes públicos llamados a dar ejemplo.

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