¿Quien les dio el poder de mandar y amenazar en la Cabalgata de Melgar?
Contratados para la seguridad de la cabalgata en Melgar generan controversia y denuncias al usar uniformes tipo militar y amenazar a periodistas con lanzar bombas a los medios que investigaban su labor durante el evento.

La aparición de un grupo de seguridad privada con prendas que imitan uniformes militares durante la reciente cabalgata en el municipio de Melgar ha desatado una ola de críticas ciudadanas y una grave alarma mediática por amenazas directas dirigidas a periodistas que cuestionaron su actuación.
Durante el desfile de caballos del pasado fin de semana, varios testigos identificaron a individuos vestidos con camuflados, botas tipo militar, gorra roja y distintivos que confunden con fuerzas armadas, ejerciendo funciones de control de acceso y tránsito sin presentar credenciales visibles ni autoridad oficial. La falta de claridad sobre quién los contrató y qué facultades tenían provocó inquietud entre los asistentes.
“Melgar es tierra de héroes de la patria; aquí siempre se pide respeto a las instituciones de nuestras Fuerzas Militares. Ese atuendo generó confusión, muchos turistas dijeron que pensaron que era milicia”, comentó un residente local.
“Me asusté, pensé que era la guerrilla”, relatan testigos
Según el periodista Miguel Quesada de Melgar Noticias, el incidente se desencadenó durante las festividades del municipio:
“Algunos turistas me dijeron: ‘Me asusté, pensé que era la guerrilla’. Tenía una impresión fea”, comentó Quesada.
El equipo de seguridad lucía pantalón camuflado, botas, gorra roja con símbolos y gesticulaba órdenes militares, lo que amplificó la sensación de intimidación entre los presentes. Quesada advirtió que tras publicar su nota empezó a recibir audios amenazantes para que retirara fotografías del evento.
En otro registro, el periodista Óscar Noreña de Melgar Estéreo describió su impresión:
“Me acerqué y pregunté ‘¿ustedes son de dónde?’ Me respondió: ‘Nos contrataron… estamos apoyando la seguridad del pueblo’. Pero pregunté también a policías y a miembros del Ejército, y nadie sabía quiénes eran estos tipos”, relató Noreña.
Agregó que “Estaban uniformados, dirigían el tránsito, controlaban accesos… parecía zona militar”. Noreña también señaló que los organizadores del evento sostienen que la empresa contratada proviene de Fusagasugá y se dedica al deporte de tiro, pero no ofrecieron documentación que acreditara su rol.
Amenazas a la prensa y falta de transparencia institucional
La tensión escaló cuando a Quesada le enviaron un audio que lo amenazaba con represalias si no retiraba una fotografía específica. Según él,
“Me dijeron que si no bajaba la imagen, nos iban a… poner unas bombas aquí”.
Del mismo modo, Noreña afirmó que también recibió solicitudes para borrar contenidos.
“Traté de comunicarme con el comandante de Policía, el alcalde… nadie contestaba”, denunció.
Ante esta arista, la comunidad exige respuestas: ¿Cuál fue el contrato entre la empresa y los organizadores del evento? ¿Por qué se permitió el uso de uniformes similares a los militares? ¿Dónde estaban las autoridades oficiales que debían supervisar la seguridad del desfile?
Alcaldía y Policía de Melgar guardan silencio
Ni la Alcaldía de Melgar ni los mandos locales de la Policía Metropolitana han emitido declaraciones al respecto. Según fuentes, las diligencias de llamada fueron ignoradas o atendidas con evasivas.
Este silencio institucional enturbia aún más la situación, generando desconfianza en un evento que debía celebrarse bajo el lema de convivencia y turismo.
Mientras tanto, el ambiente festivo se vio empañado por una sombra de interrogantes: ¿Por qué se contrató un grupo que podía confundirse con una milicia? ¿Por qué no se transparentó quién estaba a cargo del control y la seguridad?
La polémica en Melgar no solo visibiliza una falla operativa en un evento masivo, sino una posible vulneración del marco jurídico que regula las funciones de seguridad ciudadana en Colombia. Sin claridad sobre responsabilidades y actuaciones, la imagen del municipio turístico se ve empañada por prácticas que generan desconfianza en locales y visitantes por igual.













