Retorna el chantaje de la paz

Hemos asistido todos los colombianos desde hace cuatro años, pero de manera intensa desde hace dos, a toda una estratagema de propaganda política de parte del Gobierno Santos, de las FARC y de algunos rancios políticos como Bennedeti, Roys B. (ahora precandidato presidencial, el chiste político del año por ciento), Serpa, los hijos de Galán (que como sanguijuelas han chupado al Estado colombiano en nombre del asesinato de su padre hasta más no poder), Piedad Córdoba, Cepeda, entre otros, que se ha convertido en lo que lo que pareciera un chantaje de la paz.
Se trata de tomarse todos los medios posibles, con cualquier cantidad de mensajes presionando para que la gente deba creer a la fuerza que lo mejor que le pudo pasar al país fue el tortuoso, no claro y chueco acuerdo que se firmó con la guerrilla en La Habana y el premio Nobel de Paz para Santos; porque de lo contrario quien no lo crea así es poco menos que un matón, violador de niños, secuestrador, chantajista, tratando de poner a los ciudadanos comunes y corrientes bajo el mismo subnivel y raso de las atrocidades cometidas durante 50 años en todo el territorio nacional por las FARC y otros grupos al margen de la Ley, así como algunos por agentes del Estado mismo.
En nombre del supuesto moral de que con ese acuerdo no se moriría un colombiano más, se debe dar patente de chorso a todas las exigencias de la guerrilla, sin chistar, criticar o poder modificarlos, porque o si no usted es un señor de la guerra, enemigo de la blanca paloma y otra seria de imbecilidades.
A ese escenario nos quieren llevar de nuevo a los colombianos con el supuesto de que la paz está en peligro y que todo lo bueno, bello, bondadoso que supestamente se ha logrado se puede perder. Ya lo dejó claro el otro cacique de la politiquería santandereana, el ex ministro Fernando Cristo, quien anda pregonando que se retiró de esa cartera que defender dizque las bondades de la paz de los peligros que representan los ciudadanos.
En gracia de discusión nadie puede asegurar que haber logrado los acuerdos con esa guerrilla no es un alivio que trae mejoras, negarlo sería absurdo, pero no es ni mucho menos el gran avance del siglo en Colombia, como maliciosamente se pretende presentar con la propaganda del Gobierno.
Debemos estar con los ojos bien abiertos frente a que esa estratagema no nos distraiga de los grandes y difíciles problemas que nos están ahogando como la inseguridad, que es un hecho innegable y hasta ahora inmanejable en el país. No vayamos lejos, hablen con los ibaguereños y los tolimenses en sus municipios para que se den cuenta de los escasos resultados de los gobiernos en turno sobre esa materia.
El desempleo rampante, cuyas cifras son altas en todas partes de la nación, pese al maquillaje técnico que hace el DANE para tratar de disimularlo. La educación no avanza en calidad e investigación, la salud sigue en el hoyo negro en que está desde hace más de una década, sectores de la economía se debilitan como el energético, lo mismo que las divisas por turismo. De esos son los temas que Cristo por mandato de Santos y las FARC pretenden que los colombianos comiencen a olvidarse para concentrar la atención de nuevo en la supuesta “guerra y la paz” como si se tratara de la novela de León Tolstoi.
No. Los temas verdaderamente importante para el futuro de la nación no se pueden dejar fuera de la agenda de la opinión, eso sí sería condenarnos por concentrarnos en lo en lo menos importante. Porque los acuerdos de paz deben seguir su curso y ya. Pero, por ejemplo, que casi 6000 hombres del Clan del Golfo, el ELN, Los Pelusos, disidencias de las FARC, Los Puntilleros, más los traquetos de ciudad que controlan el microtráfico estén en armas y sean una amenaza para la seguridad del país no da espera. Por tanto, no se puede caer en el chantaje moral de la paz.
