ColumnistasRicardo Cadavid

Y se lanzó Barreto

Los chismes son más populares que el cine y vuelan más lejos que las águilas cuaresmeras.

Por todo el departamento, hace meses, se insinuaba que Óscar Barreto Quiroga se lanzaría en campaña al senado, otros decían que iría a la gobernación, otros que a la alcaldía, y no faltó quien dijera que ya se había retirado de las contiendas electorales. Mucho se dijo, lo que no se esperaba es que lanzara su campaña justo en el municipio del Líbano, un fortín del partido liberal y del pensamiento liberal (son cosas bien distintas).

No sé si entendemos la magnitud del hecho. Muchos políticos que hablan de recuperar la democracia en Venezuela lo hacen desde la comodidad de sus sillones en Bogotá. Los más atrevidos organizaron un concierto en Cúcuta, en la frontera, como quien habla desde el borde, pero a nadie se le ocurriría meterse en el complejo de Parque Central, en Caracas, para realizar esa labor. Para ello se requiere o mucho carácter, o estar mal de la cabeza. Pues se metió Barreto al Líbano y los resultados hablan por sí solos: literalmente ríos de personas asistieron a casi una decena de reuniones, con gente de todos los estratos, de la zona rural, de la cabecera municipal e incluso muchos con camisetas rojas y una B grande en el pecho, y no faltó quien hablara del nacimiento de un nuevo color, el rojo azulado, que tal vez sea mejor describir como rojo “a su lado”.

Creo que no hemos tomado conciencia del fenómeno político que está creciendo en la región. Es un fenómeno sin precedentes, pero no lo vemos, porque cuando nos señalan el cielo con el dedo, nuestra necedad solo nos permite ver el dedo.  El Tolima siempre ha sido un departamento liberal. Acá, desde principios del 1900, luchaban las guerrillas liberales con Tulio Varón enfrentándose a los conservadores en la Guerra de los Mil Días. En el sur del Tolima nacieron las guerrillas de las FARC a mediados de los años sesenta. El Tolima tuvo hegemonías liberales en todos los cargos públicos durante décadas. ¿Qué fue entonces lo que pasó en el Líbano? ¿Qué va a pasar en todos los demás municipios? ¿Qué presagia esto sobre los resultados en las próximas elecciones?

No tengo la sapiencia de los analistas políticos para hacer radiografías de lo que está pasando con la política regional, pero se me ocurre citar dos frases que quizás den pistas sobre el tema. La primera fue pronunciada por Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos: “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”. La gente simplemente se cansó. La segunda frase fue pronunciada por Eleonor Roosevelt: “Grandes mentes discuten ideas. Las mentes promedio discuten eventos. Las mentes pequeñas discuten sobre las personas”.

Como hay tanta mente pequeña, los ataques a las personas vendrán por varios frentes; de eso se ve mucho en política. Mientras tanto, otras personas con otras mentes de otro nivel, reconocerán la fuerza de los hechos, que son, entre otras cosas, contundentes. No existe un solo municipio del Tolima donde no haya una obra de Óscar Barreto. Mientras algunos se preguntan con hipnotizante nostalgia “¿el poder para qué?” pues el dos veces gobernador supo para qué era y realizó inversiones en todo el departamento, que la gente hoy reconoce y que, sin duda alguna, facilitarán su campaña. En un país donde hemos aprendido que es mejor votar por quien prometa menos para así decepcionarse menos, Barreto tiene la enorme ventaja de poder pararse en cualquier plaza pública y basar su campaña en hechos y resultados.

Pero como las grandes mentes discuten sobre las ideas, si queremos entender este fenómeno político tendremos que adentrarnos en el mundo de las ideas. Eso no es tan claro para todos, implica hacer esfuerzos, escuchar los discursos, leer entre líneas, discernir. Barreto habla (y con hechos lo confirma) de terminar con el sectarismo, de sentirse orgulloso de estar acompañado por cientos de personas de otros partidos, de terminar con los odios que nos han separado, de la necesidad de conquistar escenarios nacionales en un país excesivamente centralista, de la importancia de que lleguen a dichos escenarios personas preparadas y con el arrojo suficiente para defender una posición, de acabar con los privilegios fiscales de algunos sectores de la economía nacional, de leer en el descontento social la necesidad de repensar el congreso,  los partidos, la política y de tener el carácter necesario para estar a la altura del momento histórico que vivimos.

No somos conscientes de los ideales que acompañan este fenómeno político y es bueno aproximarse a ello, aunque sea para elevar un poquito el nivel de la conversación política, que termina siendo muy básico cuando somos incapaces de reconocer que, mientras los motores mueven las máquinas, las ideas mueven al mundo.

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