Nelson Germán Sánchez

Benkos Biojo

Columna de Opinión por: Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-

“Una negra. Se vende recién parida, con abundante leche, excelente lavandera y planchadora. Con principios de cocina, joven, sana y sin tachas y muy humilde”.

“Una negra se vende, por no necesitarla su dueño, de nación Conga, como de 20 años, con su cría de 11 meses joven y sin tacha, muy humilde, no ha conocido más amo que el actual, es regular lavandera, planchadora y cocinera. Calle del Barratillo casa 4, informarán”.

“Se alquilan posesiones: para viviendas, negras para el servicio de casa. Negros para peones y para todo trabajo y se dan negritos para jugar con niños. De todos darán razón en la calle Doiz número 11.”.

“Parte económica. Venta de Animales. Se vende una negra criolla, joven, sana, sin tachas, humilde y fiel, buena cocinera, con alguna inteligencia en lavado y planchado, excelente para manejar niños. En la suma de 500 pesos. En la calle de Doiz número 150, impondrán a los demás”

Los anteriores son avisos originales existentes de lo que se conocía como Casa de  Indias, la organización portuguesa que administraba el comercio marítimo de ultramar, que extendió tentáculos de comercio hasta Cartagena de Indias, y que recopiló metódicamente en su libro Benkos Biojo rey, esclavo y libertador, el médico Rafael Enrique Polo, como una manera de despertar el interés de los lectores jóvenes sobre lo que significó para la historia y la cultura colombiana la llegada de los negros esclavos del África y su aporte a la nación.

La historia que cuenta el médico Polo es en relación a relatos históricos anovelados de un joven rey de Guinea, que como muchos, fue atrapado por mercenarios mercantiles portugueses, traído en las peores condiciones posibles en los bergantines de la época hasta Cartagena de Indias. Allí, comprado con los suyos por un rico español (Alonso del Campo), cuya actividad de comercio requería que el esclavo fuera galeote en una de las embarcaciones de este. La cual un día naufragó en el río Magdalena, pero como éste no huyo y salvó la vida de un sacerdote que allí viajaba,  ganó ciertas gabelas de su amo.

Tiempo después organizó fuga con 20 hombres más y fue uno de los fundadores de Palenque o San Basilio de Palenque, que como lo dice el médico Polo, fue el primer pueblo libre de América aunque que por ser de negros no se le dio nunca la importancia histórica debida ni siquiera en las ya extintas clases de historia colombiana o geografía  o en los pensum educativos escolares. El hecho histórico rescatado aquí es de tal transcendencia que puede decirse que fue el primer tratado de paz entre un gobierno (en este caso un reinado) y un grupo insurgente, pues así lo firmaron Biojo y el gobernador Diego Fernández de Velasco; como testigo el sacerdote español Manuel Santamaría, al que él había salvado de morir ahogado en el río Magdalena.

Otro hecho histórico que poco aparece y menos ahora que están de moda las conversaciones y firmas de acuerdos de paz. Tiempo después  de la firma del acuerdo y por un ardid de venganza de la sobrina de un político de la época a quien Biojo había matado en combate, Biojo fue traicionado, engañado y luego desmembrado en plaza pública el 16 de marzo de 1.621, sin juicio alguno.

Afortunadamente este texto  hace parte del plan lector de varios colegios de la ciudad,  sobre esa literatura e historia colombiana que no se quiere contar, se convierte en un buen pretexto para recordar que todos llevamos sangre negra en las venas, que los negros fueron y son parte de nuestra historia y de del desarrollo del país. Además, de que en estos momentos de discusiones sobre paz y un nuevo país, que bueno rescatar y presentar historias como estas que seguramente por la tonta creencia de creernos blancos más españoles que negros, indios, mulatos, zambos o mestizos  se borraron de un plumazo de la historia patria y dan paso a sentimientos racistas o xenófobos actualmente.

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