Nelson Germán Sánchez

Corrupción y policía de Tránsito

Óptica periodística

Lo comentan, dicen, señalan, mencionan todos los días en todas partes. Situaciones vividas por amigos y familiares sobre el posible abusivo y corrupto del actuar la Policía de Tránsito de la capital tolimense –bueno no todos sus miembros, me imagino debe  haber  gente recta,  ética y con profesionalismo-, lo supe de primera mano el viernes anterior, del policial que realizó un “operativo” entre las 3:00 y las 3:30 de la tarde en el barrio Cádiz, frente a Urocadiz.

Primero es necesario aclarar que nadie justifica que la gente se parque mal sobre vías principales, eso no tiene ninguna presentación y es de perogrullo que se debe corregir, evitar y sancionar, porque para eso les pagamos los ciudadanos a los policías y es su deber desde que escogieron ser tales de manera libre y espontánea. Pero que de manera grotesca, atrevida, despótica, sin sonrojarse, sin un asumo de consideración, con extrema arrogancia demuestren en público tales actos que codifican corrupción es absolutamente deplorable de parte de alguien que se hace llamar servidor público o defensor de la vida, honra y bienes de los colombianos.

Fue tan indignante el comportamiento desplegado por el sujeto de uniforme (de apellido Rodríguez) que hasta pensé que no valía el esfuerzo mencionarlo, porque se daría protagonismo a alguien que para mí no lo merece, es indigno de tenerlo por su actuación en plena vía pública. 

Como así que solo a una o dos personas que se acercaron a retirar vehículos que estaban mal parqueados no se les permitió, se les obstaculizó parándose frente a los mismos, se les impidió, se les intimidó por parte de este policial para entregar los papeles. Sin que mediara advertencia previa, es decir, no pitó ni una sola vez como advertencia. Mientras permitía  que varios se fueran del lugar frente a sus ojos sin mosquearse y que motos mal parqueadas continuaran sobre el andén. ¿Por qué el acto selectivo si todos los de esa calle estaban en infracción? ¿Por qué no se actúa con equidad y justicia? Digo yo que tal vez porque eran mujeres y había que hacer sentir la autoridad, el peso del “representante de la Ley” que lleva un arma al cinto, el ego de ser el portador de una placa –ojo que mucho de eso es lo que está pasando en Venezuela contra los ciudadanos del común hoy-. ¿Por qué, al ser indagado públicamente por una de las afectadas, sobre  tal comportamiento discriminatorio y a todos luces injusto, guardaba silencio, ignoraba, se corría, daba la espalda, dando más y más tiempo de que los carros de “otros”  (quiénes eran acaso esos otros) se fueran, sin hacer lo más mínimo para evitarlo.

¿Por qué durar casi media hora sin aplicar el comparendo? ¿Por qué preguntar a una infractora a qué se dedicaba? ¿Qué hacía? ¿Cuál era su actividad? Quería saber cuánto ganaban ¿con qué propósito? qué relación tienen esas preguntas con una multa por estar malparqueado.

Eso es generar ambiente para la corrupción; se podrá ahora tratar de disfrazar eufemísticamente de otra manera, de echarle la culpa a los ciudadanos “mal educados” por parquear en la calle,  pero seguirá siendo un acto motivante de corrupción. Como reza el sabio adagio popular: Aunque el mono se vista de seda modo se queda.

Según el diccionario de la Real Academia Españolacorrupción “es la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de las organizaciones, especialmente las públicas, en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”.

Ese tipo de prácticas que parecieran ser el pan de cada día en las calles de Ibagué por policías de tránsito, que se vuelven parte del paisaje cotidiano, supuestamente ya no vale la pena denunciarlas. Pero creo que no, cuando se conoce de tales situaciones tan salidas de un esquema mínimo de respeto por el ser humano, que parecieran buscar la degradación del otro desde la autoridad, presionando en búsqueda de algo, que se actúa con total ausencia de profesionalismo, de respeto, no queda otra que hacerlas públicas.

Para que el ciudadano no olvide la firmeza frente a tales desafueros cometidos por aquellos que portan un uniforme y un arma, de quienes se debe exigir el máximo comportamiento en el cumplimiento de su deber y respeto total por el domiciliado. Actitudes públicas como esas son la semilla del cáncer social que carcome a Colombia llamado corrupción.

Claro, no se trata de que solo a través de la deleznable actuación de un tipo como aquel, generalizar hacia todos los policiales de tránsito de la ciudad, ni más faltaba, pero sí ejemplificar como ese es uno de los cientos de situaciones a los que a diario se refieren en todas partes de Ibagué los ciudadanos sobre el actuar de algunos en ese cuerpo policial.   

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