ColumnistasNelson Germán Sánchez

De los parásitos a los Paráclitos

Óptica periodística

Nos ocupamos y perdemos tiempo y palabras sobre los mismos con las mismas, en un círculo vicioso permanente sobre cuál será el nuevo desatino del Alcalde y escándalo por posible corrupción en que se verá envuelto, que si algún político con actitud de mafioso dirá algo para desviar la atención sobre su círculo cercano o del nuevo embuste televisivo del Presidente anunciando ayudas mientras protege las ganancias del sector financiero, de Avianca y no toma medidas reales de gasto social en esta pandemia, por ejemplo. En conclusión, demasiada atención a lo vacuo, fútil, nimio, ínfimo e insignificante. 

Es cierto, muchas veces en este momento sui géneris de la historia nacional perdemos de vista cosas importantes, de alto sentido humano que hacen la diferencia, que marcan un enorme gesto de humanidad y muy por fuera de la mezquindad, de la lucha por el poder y el dinero que es la escena cotidiana en esta ciudad y el país.

Por eso, es necesario que también dediquemos tiempo, hagamos público cosas y gestos enormes de personas comunes y corrientes que son verdaderos héroes anónimos con innegable sentido de solidaridad, sé que usted y yo conocemos muchos; y si nos detenemos un momento o auscultar a nuestro alrededor brotarán más ejemplos de los que pensamos y que han pasado desapercibidos por prestar más atención a lo bulloso y exhibicionista de los de siempre. 

Conocí el caso Nery, una ejecutiva que al pasar rumbo a la casa de su mamá, desde su vehículo vio el símbolo de ayuda humanitaria con un trapo rojo en una ventana, sin conocer sin quiera quiénes eran aquellas personas, pensó en ellos y luego envió un mercado, o su hermana Ángela que al saber del hecho, en otra ocasión, dejó algo de dinero a esa misma familia.

Jóvenes como Carlos, que en una fecha especial como el Día de la Madre que recién pasó, decidió dar un “concierto” con un rato de esparcimiento desde el balcón de su apartamento para todas las madres que allí residen, enviando mensajes de esperanza, de positivismo para elevar el ánimo en el encierro. 

O Norma, quien conoció del caso de una embarazada de bajos recursos, diagnosticada con  preclancia, cuyo parto se adelantó y entonces Norma decide entre familiares y amigos hacer una colecta para pañales, leche, ropa y demás para hacer sus primeros días más amables a ese recién nacido.

Igual Cristian, que con otros jóvenes universitarios, lleva alimentos un día a la semana a habitantes de la calle o en su defecto a familias de sectores vulnerables como el Hato de la Virgen o la Estación, todo con sus propios recursos.

María y Doris, las personas que se preocupan de algún modo de que cuidadores de carros de una paralela puedan llevar algo de alimento a sus viviendas o Julio el dueño del local que llega a un acurdo con su arrendataria consciente de que no ha podido abrir por más de dos meses y le pague solamente la mitad del valor mensual dentro de unos meses o simplemente no le cancele estos porque sabe que es hacer empresa y el también inició con mucho esfuerzo.

O Pedro, quien en vez de amenazar, ejercer algún presión el arrendatario del apartamento y conociendo la precariedad de su situación porque trabaja como independiente, no lo requiere para desalojarlo sino para darle una remesa. 

Qué decir de las campañas de medios de comunicación para llevar apoyo para artistas callejeros o independientes de la ciudad. En fin, creo que todos conocemos muchos casos como estos, por tanto es bueno que paremos un poco de escribir y prestar tanta atención a los parásitos del sector público y dar más espacio a los Paráclitos (el que está junto al otro al que le importa).

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