ColumnistasNelson Germán Sánchez

“Duquear”

Óptica periodística Nelson Germán Sánchez Pérez –Gersan-

Con la picaresca y el fino humor característicos, algunos colombianos han ha decido aportar al estudio de nuestro exquisito español una nueva palabra, un verbo para ser exactos: “Duquear” (dícese de la acción de mentir en público). Porque lo de “abudinear”, ya es más que obvio.

Ello para plasmar en un solo término lo que han visto, vivido y padecido durante los últimos tres años de parte del Presidente de los colombianos. Recogen con ese “verbo” lo escuchado en sus intervenciones oficiales y sus respuestas a medios de comunicación que dan cuenta de un Presidente ajeno a la realidad y la verdad, desconectado del país y de sus gobernados. Y es que razones para designar a alguien como un “duqueador” en franca relación a su inspirador no faltan. Recordemos algunas.

La famosa “De qué me hablas viejo” frente a la pregunta sobre la masacre de ocho niños en un bombardeo de las Fuerzas Armadas. Muy similar y seguramente aprendida de su mentor Uribe cuando luego conocida la masacre en Cajamarca (Tolima) de una familia campesina, incluidos niños, por parte del Ejército y al tratar de hacerlos pasar por guerrilleros muertos en combate, Uribe respondió: “no estarían cogiendo café”.

O la cacareada llamada telefónica, luego de cinco meses de estar posesionado el presidente de EEUU Joe Biden, de la cual se aprestó con su equipo de prensa a presentarla como un éxito, como el gran logro sobre dosis de vacunas que llegarían, pero en realidad en tono frío y distante Biden le pidió respetar los derechos humanos y la vida de millones de colombianos que protestaban y exigían mejores condiciones económicas y sociales.

Que tal cuando respaldó a su Ministro de Hacienda Carrasquilla con que solo había caja para dos semanas o el Estado quebraría y todo pararía, tratando de obligar a aprobar la primera versión de la reforma tributaria y resultó ser otro embuste más. O la de que en 100 días reconstruiría San Andrés, Providencia y Santa Catalina, luego de la destrucción causada por el huracán Lota, de lo cual solo van escasas tres casas levantadas, hasta hace pocas semanas.

Otra perla: la de que no haría trizas la paz, cuando se empeñó en poner palos a la rueda a la vista de todo el mundo y en la nueva reforma tributaria aprobada le da nuevos tiros de gracia a la misma.  O su anuncio de “el candidato debería responder por la financiación de la campaña”, pero cuando se destapó la Ñeñepolítica con el narco Ñeñe Hernández y la asistente del senador Uribe, Caya Daza, por la compra de votos en su favor en la Costa Atlántica, ha hecho todo lo contrario: silencio, no sé, no conozco, de qué me hablas viejo.

La más recordada mentira pública de Duque ha sido la de menos impuestos y más empleos, bajar impuestos; junto a la de un Gobierno austero y se gastó casi diez mil millones de pesos en camionetas nuevas para Presidencia y otros tres mil milloncitos para publicidad en redes y tratar de mejorar su imagen. Como dijo alguien por ahí, una verdadera banalidad hecha de humo digital. 

Y la famosa de poner fin a la mermelada de Santos, pero ejecutó una dulce y empalagosa repartija en embajadas y misiones diplomáticas de todo el mundo a familiares de congresistas, padrinos políticos y demás allegados. ¡Ah! No olvidemos la mentira que repitió sobre que cuidaría en medio ambiente y no al fracking y resultó impulsándolo. 

Con todas estas, y muchas más que usted recordará amigo lector, Duque no solo ha pasado tres años tratando de aprender a ser Presidente si no pareciera ser un maestro con doctorado en mentir públicamente sin sonrojarse si quiera. 

Bueno y a todos estas, si con Duque en “duquear”, con lo padecido en nuestra amada Ibagué con el Alcalde Hurtado ¿cómo se sería? “hurtadismo”, “hurta-mentismo”, “hurtar-mentirismo”, En fin, merece análisis posterior.

 

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