ColumnistasLuis Gabriel Rengifo Londoño

El empresario del Tolima en Época de pandemia

Para nadie es un secreto que el COVID 19 nos tomó por sorpresa y nos hizo revaluar muchas de nuestras actividades diarias, así como la manera como vivimos y trabajamos.

 Han sido pocos los sectores que no han sido afectados por el aislamiento obligatorio y muchos menos los beneficiados por las condiciones generadas en la cuarentena. Pero que hacer con nuestras empresas en época de Pandemia?  Si bien mucha gente se queja y con razón, frente a las severas pérdidas económicas y hasta de la quiebra de sus empresas, otros han visto en esta situación una oportunidad para reinventarse… “Cuando todos están llorando hay que pensar en vender pañuelos”, así pues,  Los insumos médicos, los alimentos, los domicilios y las ventas on line, han visto incrementadas sus ventas por esta situación y han obligado a otros sectores a migrar en pro de obtener beneficios en esta difícil época. Grandes profesionales han girado su vista hacia las nuevas tendencias de negocio y los industriales  han adoptado urgentes modificaciones en sus empresas, para vender desde tapabocas con calidad internacional, hasta alimentos preparados, con mercadeo por redes sociales.

 Que debe hacer entonces el pequeño empresario ante esta situación? Las mayores preocupaciones de las pymes radican en que con el bajo o nulo  flujo de caja generado en este periodo, aun deben cubrirse los gastos fijos, las tasas de tributación al estado, los créditos bancarios y las nóminas y gastos de personal, siendo estas últimas las que generan mayor preocupación, pues no debemos restar importancia al sentimiento de paternalismo del que gozan muchos empleadores, quienes tratan hasta el máximo de sostener a su capital humano, aún dilatando otros pagos que causan intereses, pero que pasan a la columna contable denominada “puede esperar”. Este tema se ve más comúnmente en las pequeñas y medianas empresas, porque la cercanía es mayor entre el patrono y los empleados y en muchos casos, esto genera relaciones de amistad y camaradería, incrementando el interés, la preocupación y el apoyo.

 El gobierno nacional mediante múltiples decretos ha buscado en cierta medida brindar apoyos financieros, pero el sentir del pequeño empresario es que los mismos no han llegado o son insipientes y se han visto obligados a cerrar sus operaciones o a prescindir de sus empleados. Los antiguos empresarios con grandes modelos de negocio y éxito, siempre fueron visionarios y basaron su trabajo en ensayo y error, pues aunque carecían de las grandes formaciones académicas actuales, muchas veces lo arriesgaban todo o llegaban al límite con ideas no tradicionales. Estos patronos de la economía Colombiana siempre han sugerido “no poner todos los huevos en una misma canasta” como bien rezaba la frase de nuestras abuelas.  Este conocimiento es el que debemos aplicar en épocas de crisis, ayudándonos mediante la creación de ingresos de diferentes fuentes que se sumen a nuestro método tradicional de economía empresarial;  Si bien es cierto que el zapatero debe ir a sus zapatos, debemos diversificar la oferta y no apenarnos con cualquier método de negocio, que actuando dentro de la legalidad, nos permita soportar las inclemencias de cualquier dificultad temporal.

 Pero cuáles son esas opciones? Los modelos de resiliencia de los que hablan los libros de auto superación, marketing estratégico e inteligencia emocional de los negocios, nos hacen pensar que debemos levantarnos de nuevo, planteando  modelos económicos basados en nuestros diferentes gustos y facilidades, por ejemplo, es usted un buen comensal? Por qué no busca un negocio de comidas y usted mismo lo asesora? Su pareja ama el órden y la belleza, por qué no busca un negocio de modas o tendencias de maquillaje? Su pasión es el deporte, ofrezca sus clases particulares o insumos para el mismo, En fín, las opciones están a la órden del día en cada uno de nosotros y  deben permitir aprovechar algunas potencialidades que tenemos ocultas y sumarlas a las que ya veníamos aprovechando. Es la hora entonces de sacudirnos las rodillas y seguir adelante. 

Luis Gabriel Rengifo

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