ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

El horno crematorio de Soacha

La estación de Policía de San Mateo en Soacha debería ser hoy motivo de un terremoto en el estado colombiano, que haga vibrar desde el comandante en jefe de las fuerzas militares y de policía, hasta el más insignificante de los estudiantes de las escuelas de formación de agentes. No va a ser así. No puede ser así.

La orden, desde el  4 de septiembre, que alguien dio, es que sobre lo sucedido ese día con los jóvenes presos allí, bajo custodia y responsabilidad del estado y sus gendarmes, no se diga nada más que el miserable comunicado que ayer ofrecieron y que todo pase oculto, igual a como sucedió con los muchachos que en  la  misma  Soacha recogieron hace unos años  para iniciar la fabricación de la repugnante figura de los falsos positivos.

Hubo que esperar dos meses para que un concejal aguerrido y sin miedo a las represalias le contara al país que  el incendio de la estación de policía de San  Mateo no fue una asonada, sino que en ese CAI se quemaron los once detenidos porque nos los dejaron salir y que en el trascurso de los días fueron muriendo uno a uno hasta completar 9 incinerados. A ningún medio periodístico bogotano le picó la curiosidad por averiguar si la información boletinesca de la Policía Cundinamarca sobre una asonada y un incendio en esa estación de policía tenia orígenes diferentes y mucho menos si el incendio se presentó frente a los familiares de los presos que protestaban a grito herido primero porque no los dejaron visitar  y después llorando porque, pese al incendio, la Policía resolvió dejarlos encerrados.

Como con  ese mismo  peligrosísimo criterio dos policías dispararon 4 días después, el 8 de septiembre, con las pistolas eléctricas y luego a las patadas hasta causarle la muerte al  ciudadano Javier Ordoñez en otro CAI en Bogotá. Y como con ese mismo alevoso criterio dispararon a matar para defender los CAIS en Bogotá cuando los disturbios del día siguiente,  resultaba mejor para el honor de la Policía ,que no se supiera del horno crematorio de Soacha y que el país tuviera fe en su Policía y todo se disculpara con la teoría de las manzanas podridas o afirmando que el incendio lo habían causado los propios detenidos.

Solo falta que ahora, otra vez disfrazados de Policías en servicio, el  director del magazín de televisión de las 6 de la tarde y el ministro acudan nuevamente en una de las frías madrugadas ,esta vez al CAI de Soacha, a reinvindicarles el  carácter de patriotas y hombres de bien  para así no tener que destituir al Director Nacional de la Policía.

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