ColumnistasJuan Manuel Díaz

¿El poder para qué?

Esa proclama hecha por el ilustre Darío Echandía debería estar enmarcada en todas las oficinas de los presidentes, alcaldes, gobernadores, líderes, jefes, y todo aquel que tenga una pizca de poder en Colombia.

De entrada, aquel interrogante, no es más que la premisa que debería suponer en una visión Kantiana, que la respuesta tiene que ver con que se tiene poder para hacer todo lo bueno y moralmente aceptado como ético. Poder para ayudar a la gente, poder para transformar las realidades adversas, poder para cambiar el mundo, y si se quiere, poder para hacer el bien.

No debe ser el poder algo que nuble la mente de los insensatos a los que la vida les ha sonreído y cambiado de golpe y quizás sin merecerlo, sino el aprovechamiento de una coyuntura, providencia divina o esfuerzo individual o de equipo, para transformar el mundo convulsionado en el que vivimos. Desafortunadamente en Colombia estamos convencidos que la gran mayoría de poderosos no lo ve así.

Los mal llamados padres de la patria buscan con gran apetito el poder para aumentar sus arcas, para quitar y poner sus fichas en la burocracia colombiana, y para quizás pensar en que tienen el mundo en sus manos. Bien lo decía mi profesor de posgrado Alfredo Bocanegra en una de sus clases, que hay cosas en Colombia que la plata no compra, pero el poder sí. De ahí que Pablo Escobar aún teniendo toda la plata que tuvo, haya sido congresista y haya querido ser presidente.

Hoy quiero pensar en todas aquellas cosas que pudieran hacer quienes tienen poder de decisión, poder de generar proyectos, acciones de mejora, o simplemente poder de influir en los demás, como aquellos nefastos personajes de YouTube, que inciden en sus seguidores, pero para mal.

A eso es a lo que deben apuntarle nuestros gobernantes, hablando de la provincia. Tener claro que el poder enceguece, es pasajero, y que como decía Ben Parker de la famosa película Spiderman: “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Ojalá nuestros mandatarios en el Tolima entendieran lo que podrían hacer si pensaran un poquito más en los otros que en su ego, que pensarán en el pueblo que los eligió, y no en las fantochadas que los comités de fanáticos viven aplaudiendo aunque a todas luces sepan que está mal. Seguramente tendríamos un territorio mejor.

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