ColumnistasJosé Ángel Londoño Ortiz

El Tontodromo.

Desde la distancia

En mi época de trabajador estudiante, (Trabajaba de día y estudiaba en la noche), tuve una de las oportunidades laborales que más huella han dejado en mi trasegar, por la experiencia obtenida y la cantidad de aprendizajes para mi vida y mi futuro, que hasta ese momento haya podido tener. Pienso y creo en más de una oportunidad, que fue un privilegio de los pocos que me han otorgado.

Yo tuve la circunstancia especial de poder trabajar en ACOPI Seccional Tolima, (Post golpe de Estado, de eso hablaremos en otra columna.).  Tuve ocasión de hacer un trabajo gremial y representar a esta entidad en varias juntas directivas y desarrollar eventos, como encargado de promoción y desarrollo empresarial con tan solo 24 años. Obtuve las enseñanzas y alguna que otra experiencia de uno de los mejores jefes que he podido tener en mi vida, por su capacidad, como tutor y como mentor en este sector, el Economista Mauricio Salavarrieta Marín, de los Marín del Líbano, Tolima.

Una de las mejores experiencias de aprendizaje que pude tener, fue la de compartir en tres o cuatro ocasiones con el Arquitecto, ex Gobernador del departamento y actual presidente de Dunkin en Colombia (Dunkin Donuts) , el Dr. Miguel Merino Gordillo.

Poder participar con un icono del sector empresarial tolimense, con sus experiencias, como muchos llaman a emprender en el Tolima, que no es más que “empujar un carro al cual le ponen todas las talanqueras”, fue para mí una experiencia inolvidable. Conocer de primera mano la crónica contada en tiempo real con uno de sus protagonistas; De cómo se creó el Centro Comercial Combeima, la visión de transformación del centro de una ciudad provincial a la de un centro de encuentro y ahorro de tiempo para formar una cruz que comunicara a la calle 12 con la 13 y la carrera tercera con la segunda. Crear y hacer un sitio de encuentro de la gente con su espacio, era un proyecto que para la ciudad en su momento era un paso muy agresivo y riesgoso. Tuvo las mil y una críticas de la clase tradicional tolimense, que nunca vio en ese momento con buenos ojos un paso más para el progreso de la ciudad.

Hoy en día, el Centro Comercial Combeima, que en sus buenas épocas fue llamado el “tontodromo” (sobre todo por los jugadores de billar de tres bandas de los cafés vecinos”)  ha hecho historia para  todas y cada una de las familias tolimenses.

¿Quién de mi generación de capadores de clase no recuerda el autoservicio Punto Rojo? ¿Quién no tuvo la oportunidad de unas empanaditas y una avena fría del Yel´Coctel? Venían con limón y aderezó de chimichurri, para los que no se acuerdan. ¿Quién no se compró una camisa, o unos zapatos de gomelo de C.P. Company o  Body Gear Petrolero en un diciembre? ¿Recuerdan la papelería la Norma? Y, en fin, mil y un negocios que, algunos aún subsisten y otros que ya son historia.

El centro comercial Combeima ya tiene 41 años desde su inauguración. Mi generación creció y aprendió a vivir la adolescencia de los años 90 en este inmenso edificio que bordea el centro tradicional de Ibagué. Pero su construcción y aceptación como parte indeleble de la sociedad tolimense tuvo su alto costo.

 

Hoy en día los centros se han trasladado al norte de la ciudad, generando espacios y nuevos entornos de desarrollo nodal. Pero aquellos que crecimos en la década de los 90´s siempre recordaremos al tontodromo y la carrera 3ª como eje de nuestras salidas con las novias, para  hacer un safari comiendo de todo lo habido y por haber en espacio de la tierra  y poder tener que volver algún día ir a Ibagué,  a comprarle el ají de aguacate que se vende en la esquina de la 12 con 2ª , porque con una sola empanada acabamos con ese tarro de tan delicioso manjar.

Acabaron con ACOPI, y nos dimos cuenta con el paso indeleble del tiempo, que no solo de ladrillo vive una región. Hay que pensar y repensar al Tolima como en algún momento lo hizo Merino Gordillo con el centro de Ibagué y la construcción del complejo Centro Comercial Combeima, que, contra todos y todo, logro dejar una huella indeleble en los tolimenses.

La reflexión para hoy, es que hagamos todo lo posible por dejar una huella indeleble para nuestra región, para nuestra comunidad. Puede que con tan solo un año usted pueda dejar una huella, o como muchos, en su mayoría, se la pasan hasta 25 años calentando puesto, y solo dejando la huella en algún un sillón viejo en alguna gerencia olvidada por el eterno paso de los años. Tome usted la decisión de donde va a dejar su huella, al fin y al cabo, está en sus manos.

 

J.A. Londoño O.

Barcelona

 

 

 

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Participa whatsapp
Cerrar