Escribir para niños no hay segunda oportunidad

Tal vez a muchos adultos los nombres Jero, Carapálida y las Cosas Perdidas, Cambio de Voz, El Dedo de Estafanía y otros cuentos, Mis 130 apellidos, Lugares Fantásticos, Las Sombras de la Escalera, Mambrú Perdió la Guerra y Letras al Carbón no les digan mucho o nada. Pero a miles de niños y niñas de Colombia y América Latina sí.
Son los nombres de libros para niños escritos por Irene Vasco Moscovitz, de quien la biblioteca Luis Ángel Arango, del Banco de la República, señala como uno de los grandes íconos de la literatura infantil de nuestro país.
Con ella tuve el privilegio de conversar, a propósito de lo difícil que resulta escribir libros o cuentos para niños, pues son el público más exigente. “Con el niño no hay aguas tintas, o le gusta un texto o no le gusta. No se pone como los adultos a disimular o decir es que tal vez no lo entendí, lo voy a guardar para continuar más adelante. El niño simplemente lo toma o lo desecha. Un niño se aburre en la primera línea y ya”, dijo.
No cree tener un “toque” especial para escribir a los niños. Para sostener una conexión con los pequeños simplemente no pierde de vista las cosas sencillas de la vida, la capacidad de asombro, de preguntarse cosas, que heredó de su madre y ésta de su abuela, dice con cierta picardía y con gesto de sabia bondadosa.
Construir estas historias cuesta mucho trabajo, porque para el niño el juego, la lúdica y la imaginación son cosas muy serias, lo más importante de su vida. Atribuye su éxito a que tal vez sabe comunicarse bien con los niños, porque lo aprendió desde niña. No se pregunta qué debe hacer para comunicar tal historia o aquel personaje sino que se conecta a los mismos y deja que fluyan.
Se define no como escritora ni literata, si no como promotora de lectura y alguien que gusta de escribir para los niños y los jóvenes, además de abuela, esposa, madre y todas esas cosas de la vida cotidiana que le permiten nutrirse y enriquecer sus temas.
Tiene más de 30 libros publicados a la fecha, no le gusta sentirse atrapada en un segmento de la literatura porque eso sería empobrecer la mirada de una obra. Por eso, pasa sin recato alguno de escribir sobre travesuras de niños a verdaderos libros documentales sobre la historia y geografía de Colombia y de allí a recetas para convertir a niñas en ranas y no en princesas.
Escribe de todo un poco, de lo que le pasa en la vida o de todas las experiencias que le dan motivos para escribir. No tiene temas tabú, porque además estos siempre han estado en el centro de la literatura infantil y en la tradición oral en el mundo. Si nos remitimos a los cuentos de hadas europeos, son absolutamente violentos e incluso sanguinarios, asegura. Una escena de Pulgarcito, por ejemplo, es aquella donde el ogro engañado por Pulgarcito corta la cabeza a sus siete niñas, o en Barba Azul, donde la protagonista entra al lugar y ve a todas las mujeres degolladas y sabe que la próxima puede ser ella. Por tanto, los temas de la naturaleza humana siempre estarán en los escritos de la cultura humana.
¿Por qué escribir para niños? Esta es una pregunta para la que no tiene respuesta, ya que lo hace porque le gusta, desde que tiene memoria. Lo que aprendió desde niña. “Mi mamá hacía ese trabajo para niños y yo aprendí de ella, y ahora mi hija lo hace por transmisión del oficio de generación en generación. Nunca me he preguntado por qué, simplemente así es”, dice la señora Vasco.
A los niños debe escribirse para que no pierdan su condición de niños, su esencia infantil, de jugar, disfrutar, explorar, preguntarse, volar con la imaginación, dice, y con el propósito de introducirlos al mundo mágico de la lectura. Para niños se pueden escribir todos los temas, pero no utilizando la procaz, lo gratuitamente morboso, por ser un recurso muy pobre que no contribuye ni a la literatura ni al lector ni a nada, porque no enriquecerá su imaginación, ni sus significaciones del mundo.
La literatura sobre historias de vampiros, monstruos, amores extraterrestres, muertos vivientes para jovencitos es absoluta y totalmente válida, lo que sucede es que se ha llegado a estereotipar. Esas historias se vuelven pobres en recursos y muy repetidas, pero con un buen libro de esas temáticas, que no sea una saga de recetas prefabricadas, se puede abrir la puerta del gusto de la lectura. Eso es lo importante. Por eso, escribir para niños es cosa seria.
