ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Hablando de borrachos y pichadores

CRÓNICA DE GARDEAZABAL # 349

Quien pudiera haber pensado hace 3 meses que la campaña presidencial colombiana iba a irse tan lejos de los temas fundamentales que el país quiere que le solucionen y terminara convertida en  un burlesco cotilleo para que los votante elijan entre si es conveniente o no tener un presidente borracho o un presidente pichador.

El bochornoso  reportaje a la exsenadora Merlano puso en vitrina  pública sus amoríos con el candidato Alex Char .  Hasta ahora  ninguna de las feministas ha salido a defender a Katia Nule, la ultrajada esposa del exalcalde de Barranquilla ( que por cierto es  hermana de los Nule del otro cuento ).

Sin embargo me temo que el episodio y la manera habilísima como lo manejó Char le ha aumentado su imagen, y sus votos, dentro del machista pueblo colombiano que honra en silencio a un bacán como ese y se identifica orgullosamente conque sea el próximo presidente porque todas las cualidades pueden provenir de su virilidad .En cambio el malhadado video que muestra al candidato favorito, Gustavo Petro, echando un discurso en Girardot en evidente estado de alicoramiento, es decir borracho ,les puede haber puesto los pelos de punta a los poquitos alfiles o asesores que quizás tenga ( el país ni los medios los conocemos)pero sobre todo, hará carrera por el despeñadero del desprestigio. Y no exagero.

En este país, que ha sido borracho y pichador , se acepta lo segundo pero  se reacciona condenatoriamente contra la posibilidad de un presidente borracho. Del alcohol hay muchos que han podido salir como Lleras Restrepo que dejó de beber  cuando se posesionó y solo aceptó jugo de guayaba los cuatro años  de gobierno y otros que lo disimularon muy bien como los López, padre e hijo, siempre y cuando el wiskie fuera regalado.

Yo sabía, como quizás  muy pocos colombianos, que Petro es de estricta formación y actitudes leninistas y que desde hace unos meses para acá ha adoptado poses de esfinge y miradas serenísimas como si ya hubiese sido elegido o fuera un emperador romano.

Pero lo que no sabíamos casi nadie, era que levantaba la copa y menos que no tenía ayudantes ni segundos distintos a Gustavo Bolivar que lo pudieran atajar para que no echara discursos en medio de semejante rasca. El haber tenido la humildad de reconocer que si estaba borracho no lo disculpa de la irresponsabilidad porque las perras no las olvidan los que las presencian. Las pichadas si porque son en la intimidad.

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