Camilo Páramo

La lógica de lo público, Ibagué una ciudad privatizada

Viajar tiene la facilidad de mostrarnos otros espacios culturales con otras definiciones y formas de abordar las discusiones de ciudad, de tal manera que hoy tengo claro que Ibagué es una ciudad construida en su totalidad como un espacio político donde las lógicas están enmarcadas en un espacio de intereses privados puros, pues en las ciudades donde se piensa lo público como un espacio democrático donde habita toda la ciudadanía, no se busca facilitar primordialmente a las minorías mas favorecidas

Así, por ejemplo, en las ciudades europeas es muy raro encontrar puentes peatonales, pues el tráfico está organizado alrededor del peatón como elemento central del uso del espacio público, y del transporte público como elemento estratégico primordial de la movilidad de los espacios ínter e intra urbanos, algo que ha permitido que sus ciudades sean menos densas, más amables y con mucho con mayor calidad de vida.

Este proceso no solo se ha conseguido con unas inversiones más altas, sino a partir de una filosofía distinta que no permite pensar en la construcción de puentes peatonales por ejemplo, que no tienen ninguna intención de proteger al peatón, pues su verdadera intención es alejar a los molestos peatones de las carreteras para que los dueños de los automóviles puedan sentirse Juan Pablo Montoya y conducir más rápido; ejercicio que si se extiende un poco, explica la intención de construir pasos deprimidos para eludir los semáforos; pues es evidente que su única intención es una mayor velocidad al servicio de los carros privados.

Y no es muy complicado entender que esta es su real intención, pues se prioriza sin preocuparse si el efecto es un aumento tal de la velocidad que rompa los límites fijados legalmente como máximos, ya que ello no es una preocupación vital para los administradores de lo público no solo en Ibagué, sino en general en todas las ciudades colombianas

Pero por supuesto, no es solo la construcción de las carreteras y puentes peatonales la que demuestra la privatización de lo público en la ciudad, sino la forma en que se dirigen las actividades culturales, deportivas y de recreación, pues no solo no existe una gran oferta pública en dicha materia, sino que lo poco que existe se ha mediado a partir de la prestación privada de dicha oferta, ya sea con empresas con animo de lucro, o con fundaciones y corporaciones; lo cual supone que los méritos de la ejecución de dichos recursos se lo lleven los operadores y no los entes públicos.

Esta privatización es de tal magnitud que la ciudad no tiene parques grandes que cuenten con espacios atractivos para los menores y adultos, quienes cuando piensan en pasar un momento de esparcimiento deben recurrir fundamentalmente a los centros recreativos (privados en su casi totalidad), a los centros comerciales y los grandes almacenes de cadena; lo cual además supone una segregación espacial estratificada, pues la gente que no tiene acceso a recursos para acudir a dichas fuentes de diversión, se ven despojadas de casi cualquier forma de diversión sana.

 Esto además se complementa con un abandono de las calles, pues hasta esta alcaldía se han adoptado medidas modernas de administración de la seguridad que tienen como finalidad la recuperación del espacio público (calles, plazas, y pequeños parques) que generalmente se han abandonado a la auto gestión de las comunidades, lo cual ha permitido que las estructuras criminales presenten en la ciudad se apropien de las mismas a través de la amenaza latente del uso de la fuerza.

Este no es un proceso desarrollado diabólicamente por supuesto, ni una conspiración de algunos sectores, sino que es más bien una consecuencia de la negligencia y de la falta de instrumentos de planificación adecuados, democráticos y con una fuerte concertación con las comunidades; pues esa administración caprichosa, discontinua y poco efectiva en el largo plazo que ha caracterizado a Ibagué,  a permitido que en los intersticios no controlados ni protegidos, se han desarrollado procesos de configuración social que perjudican a las comunidades y a los habitantes de los barrios

Por ello, es necesario construir unos consensos en la ciudad, donde las élites políticas y sociales empiecen a concertar las necesidades de la ciudad con un horizonte democrático que permita incorporar en dichas reflexiones a la mayor parte de los ciudadanos, a través de mecanismos efectivos de participación, para poder recuperar una ciudad que debe ser siempre más amable con el más débil.

Finalmente, se hace necesario empezar a construir una articulación con las universidades que permitan poner al servicio de la ciudad la reflexión de los academicós que allí trabajan, de tal manera que las administraciones encuentren siempre allí los instrumentos técnicos para ejecutar sus prioridades expresadas en sus programas de gobierno.

 

 

 

 

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