Ibague, una ciudad por construir

Hoy por hoy Ibagué sufre un proceso claro de transformación, dejando de ser un pequeño municipio capital de un Departamento pobre, convirtiéndose rápidamente en una ciudad pujante que crece y se hace más compleja, más difícil y con una mayor cantidad de problemáticas que hasta hace menos de 15 años nos eran desconocidas.
Este es un proceso difícil de asumir para quienes crecimos en las décadas finales del siglo pasado pues nos acostumbramos a una sociedad un poco más segregada espacialmente, más segura y con una complejidad menor; lo cual se traduce en una sensación creciente de inseguridad que no se conduele con los índices de delitos entregados por la policía, los cuales son los normales para una ciudad de las características de la nuestra.
Este no es el único desafío que enfrenta nuestra ciudad, por supuesto. Hoy tenemos una ciudad que económicamente depende cada vez menos de la administración municipal y un sector privado que cada vez adquiere mayor relevancia en la toma de decisiones, lo cual se ha traducido en la exigencia de una alcaldía más técnica, menos politiquera y que deje de centrarse en favorecer pequeños grupúsculos económicos y sociales en detrimento de la mayoría de ciudadanos, los cuales están cansados de ver como se enriquecen desmedidamente a costa de la no resolución de los problemas cotidianos de la ciudad.
La tormenta perfecta se dio con la administración anterior, pues el descarado robo de los recursos de los juegos nacionales y la humillación y vergüenza nacional que vivió Ibagué gracias a los manejos ilegales de al menos parte de los funcionarios de Luis H, unido a la emergencia de nuevas ciudadanías representadas por los sectores alternativos (LGBTI, barras del Deportes Tolima, ecologistas, estudiantes etc.) y la presentación de una propuesta fresca y con una mirada estratégica clara llevó a la derrota de las maquinarias tradicionales y de sus candidatos tanto viejos como nuevos, quienes atacan hoy desde la tribuna un gobierno que con una vertiginosa actividad está dedicada a construir una ciudad donde el centro de la gobernanza sea la ciudadanía organizada territorial y socialmente en función de las fuentes hídricas.
Este proceso es de por sí complejo, pues la ciudad construida alrededor de un pequeño grupo político y económico se acostumbró a una serie de transacciones oscuras para la construcción de pequeñas clientelas políticas necesarias para cautivar los votos requeridos para mostrar fuerza en las elecciones y hacerse participe de la rapiña por los cargos públicos y por la asignación de presupuestos; asignación que por supuesto no se hacía con criterios técnicos de necesidades básicas insatisfechas, sino atendiendo exclusivamente a la intención de reproducción de las clientelas y los votos cautivos de los jefes políticos enquistados en la administración municipal.
Por eso vemos en el Concejo y en parte de los medios de comunicación un escrutinio permanente a las acciones de la administración municipal, escrutinio que paradójicamente favorece la acción del alcalde y su equipo de trabajo, pues lo obliga a revisar cuidadosamente cada paso que da, a consolidar técnica y jurídicamente cada acción administrativa y que además construye una ciudadanía que escruta más de cerca la acción estatal y que por lo tanto está más preparada para contestar los desmanes en que pueda cometer cualquier gobierno futuro.
Adicionalmente han pretendido explotar la natural propensión a la ideología conservadora de una ciudad pequeña del interior, acusando directamente al alcalde de comunista, gay, guerrillero y pretendiendo decir que el Alcalde está al servicio de los intereses electorales de Petro; acusaciones no solo sin sentido sino contrarios al devenir diario de la administración municipal. Pero Jaramillo no es Petro, pues tiene una amplia y exitosa experiencia como servidor público, y a la vista están los resultados diarios de su gestión.
Paradójicamente, los enemigos del alcalde han reproducido el esquema de Bogotá que hoy tiene al borde de la revocatoria a Peñalosa, pues la brutal guerra política que no permitió respirar a Petro y que consolidó la elección del actual alcalde, se ha prolongado en el tiempo; y salvo alguna maniobra jurídica dudosa, dejará este año sin alcalde a Bogotá.
En Ibagué los resultados no serán iguales, pues las calidades personales, administrativas y políticas del alcalde permiten avizorar un final de alcaldía con obras que transformen la ciudad y con la construcción de una hegemonía política suficiente que permitan extender en el tiempo sus logros.
Y aún si por desgracia al terminar la alcaldía actual vuelven los políticos de siempre, encontraran que su triunfo será un triunfo vacío, pues no podrán seguir gobernando de la manera caciquil en que lo venían haciendo; ya que han construido una forma de escrutinio de lo público que no cesará cuando ya no sean oposición, y unas nuevas formas de ciudadanía que seguirán empoderadas y que no permitirán que se repita el desastre anterior.
Definitivamente, lo único bueno de la alcaldía de Luis H es que generó unas nuevas dinámicas que hacen hoy de Ibagué un hervidero político que revitaliza el día a día de la ciudad y de las comunidades; y que permite pensar que en el futuro nuestra ciudad será más inclusiva, más amiga de lo público y administrada con unos criterios más técnicos y más humanos.
Si, definitivamente Ibagué es una ciudad por construir.


