ColumnistasFelix Ramón Triana

¿LA RESPONSABILIDAD DE NUESTROS ESTUDIANTES, QUÈ?

MI OPINIÓN: Félix Ramón Triana Gaitán

El paso al costado o renuncia a su trabajo del profesor Carlos Arturo Bejarano Ávila, docente reconocido entre sus estudiantes por su carisma, entusiasmo y entrega a la formación de estos, con quien he compartido en varios momentos al ser normalistas y egresados de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad del Tolima, no puede verse como una renuncia más de un docente, si no como un campanazo de alerta de lo que está pasando en el proceso educativo de nuestra juventud. 

Desafortunadamente la pandemia nos sigue obligando a utilizar las diferentes plataformas digitales para la educación de los jóvenes como estrategia para proteger la vida de los discentes y docentes al evitar el contagio, además porque las condiciones estructurales de un alto porcentaje de las instituciones educativas no tienen las condiciones para regresar a la presencialidad. Eso es entendible, lo que no es entendible es que tanto los estudiantes como los padres de familia hayan entrado en el mundo del facilismo donde se le huye al esfuerzo, a la disciplina, al trabajo académico que tiene como objetivo formar jóvenes capaces de liderar procesos de cambio en un país que lentamente se desborona. 

Todos sabemos que la educación es el único camino que puede generar procesos de cambio en una sociedad. Para lo cual se requiere de una educación de calidad y pertinente debidamente monitoreada tanto por docentes y directivos como actores endógenos y los padres de familia como actores exógenos del proceso, si esto no se da, es decir si los actores mencionados no cumplen con su tarea como es de ser parte integral del proceso, apaguemos y vámonos. 

Gravísimo que los estudiantes hoy estén evadiendo sus responsabilidades escolares aprovechando la metodología que se está utilizando como es la formación virtual, y mucho más grave que los padres de familia excusados en su amor filial respalden el actuar de sus hijos, sin siquiera hacer una mínima investigación, sobre el porqué de las calificaciones cuando la misma tecnología ofrece mecanismos para probar el plagio o el no envió en oportunidad al docente de las evidencias que soportan la validación del aprendizaje. 

Sería importante que tanto la ministra, el secretario de educación y los mismos directivos docentes analizarán el actuar de algunos estudiantes, con el fin de que se tomen medidas tal que apropien el concepto de responsabilidad en su actuar académico, entendida esta como la capacidad de hacer lo que se debe hacer a la luz de los principios éticos, eliminando de su actuar las trampas, plagios y mentiras.  En el mismo sentido, interesante que los padres de familia o tutores entendieran que acolitar o respaldar un mal actuar hoy de sus hijos en su rol de estudiantes o acudidos, es habilitarlos para que en el futuro los mismos actúen sobre el camino más fácil para cumplir con sus funciones y tareas al entrar al mercado laboral, es decir, opten por el mínimo esfuerzo. 

Mi reconocimiento al profesor Carlos Arturo, colega y amigo por sus cuarenta y tantos años de vida docente, por su entusiasmo y compromiso con la educación de los jóvenes, bienvenido al descanso que de por sí es merecido y justo.

 

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