ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Las camas antisexo

Lo último que le faltaba a este mundo enloquecido sucedió.

No les bastó  con convertir la seducción en acoso. No  fue suficiente con reconstruir la historia tumbando estatuas. Se necesitaba algo más que  el haber prohibido los ritos funerarios para que no se contagiara el covid. Los japoneses, tan apegados a su manera de ser diferentes, pero seguramente obedeciendo las ordenes de los dueños del nuevo orden mundial, patrocinadores de alguna manera del espectáculo deportivo, han decidido que los atletas que se alojen en la Villa Olímpica de los Juegos que se inician esta semana no puedan tener sexo en las camas donde dormirán mientras compiten. Han dotado a todos los atletas de los distintos países del mundo de camas de cartón que solo resisten el peso de una persona y no de dos, pero no para que ellas pudieran ser desechables sino exactamente, y así lo dijeron al presentarlas, para que los atletas no tengan sexo durante el período de competiciones. Por supuesto eso hace parte de la oleada moralista que invade al mundo y que alientan los dueños del nuevo orden mundial con su censura en las redes. Es una medida que viola la intimidad con tanta ridiculez como los vestidos y corsés de la edad media que impedían a las mujeres tener sexo con quien no tuviera la llave del candado. Es un monumento a la estupidez conque se quiere imponer en el deporte la idea conspirativa de que es muy grande el daño  que causa en el rendimiento de los atletas el acto sexual antes de una competencia. Estamos dando reversa con el mismo celo con que andan prohibiendo en redes  publicaciones que  puedan pervertir el orden  que han ido imponiendo ,o sancionando con el silencio a quienes insistan a través de ellas en  anunciar que existen formas diferentes de enfrentar la pandemia o  censurando a quienes con sus comentarios siembren la duda sobre los procedimientos que los dueños han acordado que deben regir al mundo del futuro, conectado al internet y organizado por los algoritmos, no por la voluble pero libérrima  mente humana.

No se como se la inventarán los deportistas para refrenar los ímpetus sexuales que puedan tener cuando andan  tan ligeros de ropas, siempre convencidos que las barreras de los idiomas no son freno para ser felices haciendo el amor. Tampoco se, pero prefiero que mis lectores y oyentes se  lo imaginen, cómo se sentirá un atleta de los juegos olímpicos del Japón recordando las aventuras que cometerán, de pie o en cuclillas, en los baños, en los prados o en las escaleras para no correr el riesgo de desfondar una cama de esas. Habrá que esperar que Netflix o Amazon nos monten unas películas para burlarse o aplaudir la tamaña  decisión ultra moralista de los japoneses.

Gustavo Álvarez Gardeazábal

El Porce, julio 19 2021

Deja tu opinion

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta