ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

LOS RECUERDOS DE HOMMES

QUE ESTÁ LEYENDO GARDEAZABAL

En Colombia no ha sido costumbre leer las memorias de quienes nos han gobernado o ejercido cargos de responsabilidad pública. Probablemente porque no le creemos a la historia  nos prefieren a que seamos  los novelistas quienes repasemos entre nubes de ficción la realidad. O, tal vez,  porque siempre anhelamos volver a tener un presidente que escriba bien y no que le escriban sus discursos o sus memorias. Por alguna de esas razones que  nuestra malicia indígena sospecha  con toda razón ,lo cierto es que no le paramos bolas  a los recuerdos de quienes han sido baluartes de nuestra evolución política, económica o histórica. El mejor ejemplo de la poca atención lo tuvimos por este días cuando se armó la escandalera por la carta de los Rodríguez a Pastrana de hace 20 años ,cuando ella había sido publicada  mucho antes en el libro de memorias del expresidente. Y como para que no quede duda del desprecio nacional por esa clase de textos, hace unos meses salió un libro graciosamente escrito y lleno de detalles valiosos de Rudolf Hommes, el exministro de Hacienda de César Gaviria, pero  han sido muy poquitos los que se lo han leído y más escasos aún los que se han atrevido a comentarlo. Antes de que se olvide en algún estante de las agonizantes librerías, quiero dar unas pinceladas sobre él para ver si hay lectores capaces de corroborar lo que el exministro afirma o de abrir los ojos y sonreírse en silencio con la colección de pilatunas de estudiante, la escalera de infidelidades matrimoniales o el desparpajo conque lo cuenta como si se sintiera orgulloso de haberlas cometido. Son tantas y tan diversas y con tantos personajes esas aventurillas narradas en este libro, como es tan reiterativo en contarnos poco a poco quien fue su padre, el profesor socialista alemán de la preguerra que huyó  de Hitler para sentar cátedra en Colombia, que a veces uno siente como si Hommes no estuviera escribiendo un libro serio de memorias sino una biografía novelada, cargada de humor, de suspenso y de latigazos al establecimiento, al que sin vergüenza alguna reconoce haber ordeñado a lo largo de su existencia. Leerlo entonces termina siendo un placer divertidísimo pese a que en las 465 páginas del libro pretenda una y otra vez hacernos creer que no ha escrito la novela de su vida.

Gustavo Álvarez Gardeazábal

El porce, septiembre 25 del 2021

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