Fallece la Líderesa social del Centro: Mariel Jakeline Díaz y su legado de dignidad en Ibagué
La capital del Tolima despide a Mariel Jakeline Díaz, la mujer que transformó el desplazamiento forzado en una lucha de cuatro décadas por los derechos de los trabajadores informales. Su partida deja un vacío inmenso en el sindicalismo social y la defensa del espacio público.

Ibagué no se entiende sin el pregón de sus calles, y el pregón de sus calles no se entiende sin la figura de Mariel Jakeline Díaz. Tras confirmarse su fallecimiento, el centro de la ciudad, ese que recorrió palmo a palmo durante más de 40 años, se siente hoy más silencioso. Mariel no solo fue una vendedora; fue la arquitecta de una red de protección para quienes, como ella, llegaron a la ciudad buscando refugio y terminaron encontrando una trinchera en el asfalto.
De la huida al liderazgo: Una vida de resiliencia
La historia de Jakeline es el espejo de miles de colombianos. A los 16 años, la violencia la obligó a abandonar su hogar, llegando a Ibagué en calidad de desplazada. Sin más capital que su voluntad, se instaló en las calles para sobrevivir. Sin embargo, lo que para muchos era una ocupación transitoria, para ella se convirtió en un proyecto de vida político y social.
Desde muy joven entendió que el vendedor informal no es un obstáculo para la ciudad, sino un síntoma de un sistema económico excluyente. Con esa premisa, dedicó cuatro décadas a dignificar el trabajo en el espacio público. No pedía limosnas; exigía el derecho constitucional al trabajo digno y al mínimo vital.
Una estructura de lucha: Sindicatos y Veedurías
Su labor humana trascendió la venta del día a día. Jakeline fue pieza fundamental en la creación del Sindicato de Trabajadores Informales del Tolima, organización que le dio voz a quienes históricamente habían sido invisibles para las administraciones municipales.
Pero su visión no era unidimensional. Sabía que el orden era necesario para la convivencia, por lo que lideró una veeduría de espacio público que fiscalizaba la ocupación de las vías. Su objetivo era ambicioso: demostrar que el derecho al trabajo y el derecho al libre tránsito no tenían por qué ser enemigos si existía voluntad política y organización social.
También le puede interesar: IBAL interviene corredor estratégico del centro de Ibagué con nuevo frente del Combo 3×1 – Don Tamalio
«Una verdadera colombiana»: El dolor de las calles
Las reacciones tras su partida no se han hecho esperar. En el Consejo Comunitario de Mujeres de Ibagué y en las esquinas de la Carrera Tercera, el sentimiento es de orfandad.
«Fue una gran persona comprometida. No lo digo porque haya fallecido, es que la vi guerrear en el centro toda la vida», afirma un comerciante local.
Para sus compañeros de lucha, Jakeline era más que una representante; era una «familiar de sangre y de lucha». Entre los mensajes de condolencias, resuena una crítica social profunda que ella misma solía denunciar: la precariedad de quienes cuidan a los demás. «Una verdadera colombiana que luchó por más de 40 años como líder política social y quizás no consiguió una pensión», lamentaba uno de sus allegados, poniendo de relieve la deuda histórica del Estado con los líderes populares.
El legado de la sororidad y la defensa de los DD.HH.
Para el movimiento social del Tolima, el nombre de Jakeline Díaz es sinónimo de sororidad. Su lucha no fue egoísta; buscaba que cada hombre, mujer y joven que se gana la vida en la calle fuera tratado con respeto y no con la fuerza policial como única respuesta.
Hoy, las organizaciones sociales de Ibagué prometen que su voz no se apagará. La «Lideresa amiga» deja una hoja de ruta clara: la exigencia del cumplimiento del derecho a la vida digna a través del trabajo. Su ejemplo de solidaridad y amor por los derechos humanos queda grabado en las baldosas del centro de Ibagué, ese que defendió con el vigor de quien sabe que la calle también es patria.
Paz en su tumba para una mujer que, a pesar de las adversidades, nunca dejó de caminar junto a los suyos.




