ColumnistasGustavo Álvarez Gardeazábal

Piñacué candidato a presidente

Crónica de Gardeazábal 196

Para demostrar desde ya que la izquierda no es solamente Petro, el movimiento político MAIS proclamó en su Convención Nacional de la pasada semana en Girardot a cuatro de sus integrantes como precandidatos a la presidencia de la república. Al lado  de Arelis Uriana  y Ati Quigua y de Feliciano, surge de nuevo como el ave fénix el paéz Jesús Piñacué, quien fuera candidato a la vicepresidencia como compañero de fórmula de Antonio Navarro Wolff     en 1994, pero que es motivo de  grata recordación para muchos colombianos por aquella campaña que lo llevó en tres oportunidades al Senado por circunscripción nacional, no por la reservada a los indígenas, repitiendo con sencillez y  humildad :“ Piñacué, la serenidad que Colombia necesita”.

 Desconozco los procedimientos  y metodologías que el MAIS tendrá para seleccionar a uno solo de ellos  y ahí sí enfrentar en las primarias del  Pacto Histórico a Petro. De pronto hasta van con los cuatro candidatos a esa consulta y así   nutrirán de fuerzas diferentes a la controvertida selección mientras recogen los  votos para engrosar su representación parlamentaria. No importa. El  solo hecho de que Piñacue, y muy especialmente su serenidad aparezcan en la plenitud del debate electoral, nos hace pensar a muchos que la salida democrática puede ser una verdadera esperanza en los convulsionados días que hemos estado soportando con el negro horizonte de nubarrones que se ciernen por todos lados sin quien nos guie con su linterna a encontrar la salida mitológica de Diógenes.

Piñacué, quien ejerce como abogado en Popayán, ha sido un símbolo cada vez más respetado entre las diversas facciones en que por origen o ideologías de blancos se han dividido tradicionalmente los indígenas colombianos. Su franqueza al llamar las cosas por su nombre. Su mirada altiva de indio páez, o de modelo de Giorgio Armani, pero sobre todo su capacidad de dialogar, de establecer vínculos y de ejercer la representación de la verdad para no encaramarse en las disputas sangrientas conque la historia colombiana ha combatido finalmente a las minorías, lo proyecta como alguien capaz de presentarse para conducir al país   por encima de odios y  polarizaciones. Está respaldado por su reconocida habilidad para acercarse y dialogar con los poderosos sean ellos o no perseguidores de su serenidad  o  racistas furibundos con su tabla rasa estigmatizadora. Hay que seguirle los pasos, Piñacué puede ser la guía.

Gustavo Álvarez Gardeazábal

El Porce, junio 15 2021

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